EL PIB: UNA BRÚJULA ECONÓMICA DEFECTUOSA



Hay brújulas para guiarnos, reglas para calcular superficies, básculas para mantener controladas las lorzas y hay también una cosa llamada PIB (Producto Interior Bruto) para medir la economía. Todos estos instrumentos de medición sirven para tomar decisiones: rumbo más al Este, una habitación más grande, mejor dejar el aperitivo, empezar a reducir la deuda pública… Damos por sentado que todos estos inventos están calibrados y nos ayudarán a conseguir nuestros objetivos, pero ¿y si no es así? 

Cuenta el periodista David Pilling en su libro “El delirio del crecimiento” (Taurus) que el inventor del PIB, un ruso-estadounidense llamado Simon Kuznets (lo que hoy llamaríamos un friki de los números), vivió años horrorizado viendo en lo que se había convertido su criatura. Su idea inicial de PIB (y de cómo debía utilizarse) se había convertido en una especie de Frankenstein en el que, básicamente, todo valía. “Lo utilizamos con una medida de éxito pero mide lo bueno, lo malo y lo feo”, asegura el reportero del Financial Times. “Mide la especulación, la polución cuando la generamos y la polución cuando la limpiamos.” Hay ciertamente cosas que no tienen mucho sentido… ¿verdad?

El PIB incluye hasta actividades ilegales

Para los economistas, para los políticos, para los tecnócratas, los hombres de negro, los banqueros centrales… el PIB es como el rey de los indicadores porque sirve PARA TODO: para medir y para guiar. Y para que nuestras economías avancen tenemos que conseguir que crezca el indicador, sin pararnos a pensar muy bien qué supone ese incremento ni a quién nos llevamos por delante. Porque en el PIB no hay cambio climático, ni pérdida de biodiversidad, ni contaminación de los océanos… (pero sí prostitución, tráfico de drogas, contrabando de tabaco y juego ilegal. Esto es verdad, no me lo invento. De hecho los “peibeses” europeos se actualizaron en 2014 para incluir estas actividades).

La economista Antonia Díaz analiza los problemas del indicador en un artículo mucho más sesudo que este en el blog Nada es Gratis.

“El PIB es una medida imperfecta, como todas, de nuestra riqueza. Pero es a la vez muy poderosa. El tamaño del PIB determina que se pertenezca a determinados clubs de países, el rating del país en las agencias internacionales, etc. Su valor influye en las agendas políticas. A mi entender, falta incluir una medida del efecto del cambio climático.”

Antonia Díaz, economista

Recalibrando el PIB

Cada vez son más las voces que se suman a esta idea de replantearnos el PIB y el poder que le hemos otorgado. Es el caso también de Kate Raworth, una economista renegada, que plantea en su visión de la economía como un donut (traducido al castellano como “Economía Rosquilla”, editorial Paidós). Según ella, la mayoría de los economistas no se para a pensar mucho qué hay detrás de esa brújula llamada PIB, sino en cómo hacer en que crezca cada vez más.  

Raworth se vale de la ornitología para explicarlo.

Esto es un cuco en pleno vuelo

El PIB es como un cuco, explica en su libro. Sí, esos pájaros que colocan su huevo en los nidos de otras aves cuando no están vigilados. Los padres adoptivos no notan la diferencia cuando regresan pero el cuco bebé rompe el cascarón antes, expulsa al resto y se pone a gritar: ¡tengo hambre! Y como está solo, es tripero y tiene a sus padres adoptivos entregados a la causa, engorda rápidamente. No hay más que verlo: (cuco el de gris con la boca abierta)

Un carricero alimentando una cría de cuco.

A la economía, sostiene Raworth, le ha pasado algo parecido: 

“El nido económico fue secuestrado por el objetivo-cuco del crecimiento del PIB. Pero ya es hora de que el cuco abandone el nido para que la economía pueda reconectar con el propósito al que debería servir (…) Como las madres pájaro engañadas, los estudiantes-economistas alimentamos fielmente el objetivo del crecimiento del PIB, dedicándonos a estudiar con detenimiento las últimas y contradictorias teorías acerca de qué es lo que hace crecer la producción económica, sin preguntarnos en serio si ese incremento del PIB es siempre necesario”. 

La teoría de qué tiene valor

Otra visión alternativa sobre por qué deberíamos repensar el tema PIB, llega también de la mano de otra mujer: Mariana Mazzucato (“El valor de las cosas” de Taurus). Esta economista de origen italiano “ataca” desde el flanco de la teoría del valor. ¿Quién y cómo se decide que algo tiene valor y por lo tanto debería contabilizarse? Parece una pregunta absurda, pero no lo es.

La respuesta ha ido variando con el tiempo. Por ejemplo, en los años 70 la única parte del sector financiero que se incluía en el PIB eran las comisiones, cuenta Mazzucato en su libro. El resto se consideraba un mero intercambio de dinero nada productivo… Hasta que alguien dijo que sí y ¡venga chute de bancos para el PIB! ¿Por qué? Porque la teoría de valor que impera en la actualidad es la siguiente: si tiene precio, entonces tiene valor. Los bancos ganan mucho dinero, por lo tanto tienen que contabilizarse en el PIB.

Pero por esa misma regla, el indicador mimado de la economía no tiene en cuenta ninguna actividad que no suponga un intercambio de dinero. Para él no existen los trabajos domésticos de cuidado de niños, de mayores, subir a casa del vecino a ayudarle a arreglar el grifo que gotea… No molesten, al PIB no le interesa nada. ¿Tiene sentido?

Medir la economía no es nada fácil y tampoco hay un firme candidato a sustituir a nuestra defectuosa brújula. Pero en la era del big data y el machine learning, en el top ten de tareas pendientes de los economistas quizá debería figurar repensar qué queremos decir cuando hablamos de PIB porque podemos terminar muy perdidos si seguimos haciéndole caso como hasta ahora.

Bonus track: ¿Quién es Chen Hsien?

Chen es un trabajador tipo en una de esas fábricas chinas que hacen de todo. Y claro, Chen flipa con las cosas absurdas que tiene que producir. La mayoría de los habitantes de los países ricos compramos constantemente cosas que nunca supimos ni que existían pero que de repente nos urge tener. 

Estoy pensando en ese artilugio de plástico de forma redonda que se lleva pegado a la parte de atrás del móvil. ¿De verdad? ¿No podemos ya vivir sin eso? Es un ejemplo de la de tonterías que compramos. 

Acabo de enterarme de tiene hasta nombre, pop socket (a Google le he dicho: accesorio móvil redondo).

Muchas veces me he imaginado leyendo el pensamiento de ese trabajador chino que produce todas esas chorradas para nosotros. Los de la revista satírica The Onion se inventaron a Chen para poder cumplir con este sueño común. 

“Cuando los economistas dicen que los actuales problemas del mundo están provocados por una falta crónica de demanda, uno se pregunta qué más podríamos desear”, se pregunta Pilling. 

Cierto. Pero nuestras necesidades son, en muchos casos. relativas. Queremos algo porque lo tiene el de al lado. Imposible no acordarse de esta frase de Robert Skidelsky: “Keynes subestimó la insaciabilidad y la capacidad del sistema moderno de inventar y crear nuevas necesidades de consumo”.

Suelto este rollo porque también está conectado con el tema del PIB. Nosotros también tenemos ese chip de consumo interminable que deberíamos revisitar.

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