LOS PRESUPUESTOS PERDIZ (PP) DEL GOBIERNO DEL PSOE


Foto: Junta de Analucía

A mí se me aparece una perdiz. Me pronuncian el verbo marear y pumba, perdiz al campo. Lo de marear no lo digo yo, lo dijo el presidente hace unas semanas. Que si no tenía asegurados los apoyos no iba a presentar presupuestos nuevos para 2019 por no “marear” a la gente. Bueno, pues ahora resulta que sí nos quieren marear. Pues nada, aquí la ruta para no perderse. 

Hablemos de los dos intentos

El intento del verano

El gobierno pone en marcha la maquinaria para presentar presupuestos y lleva al Congreso su techo de gasto y una nueva senda de déficit.  Así se llama en la jerga oficial a los números que digamos “enmarcan” las cuentas. Cuanto más grande es el marco, más grande saldrá la foto. Los socialistas querían cambiar algunas cosas. Fueron al Congreso y dijeron: 

“Oigan, que no hace falta seguir tan a rajatabla este ajuste del déficit al que nos comprometimos con nuestros socios europeos. En lugar de dejar la cuenta pública en números rojos del 1,3 % del PIB (el déficit se mide así), el año que viene reducimos solo al 1,8%. Eso son 6.000 euros menos de ajuste que se puede destinar, por ejemplo, a que las CCAA tengan más dinero para gastar en políticas sanidad, educación, servicios sociales…”

¿Proponer ese 1,8% era de estar muy locos?  Viendo de donde venimos, pues no (VER GRÁFICO). La cifra a partir de la cual Bruselas saca tarjeta amarilla es el 3%, por ponerle algo más de contexto. Además el gobierno insistía en que la Comisión Europea nos apoyaba en este cambio pero no hay ni ha habido confirmación oficial de este supuesto respaldo.

Evolución déficit público España (en % del PIB)

Así que no hubo manera. PP y Ciudadanos dijeron que era un despropósito eso del 1,8%, que en lugar de pensar en cuentas el gobierno tenía que convocar elecciones. Y los partidos que apoyaron al gobierno en la moción de censura dijeron que esos 6.000 millones de “alegrías” (las comillas de nuevo son mías) eran poco dinero, que los presupuestos tenían que cambiar y dejar de ser austeros totalmente. Además, ¿para qué iban a dar un paso al frente apoyando al gobierno (con todo el coste político que eso implica) si luego al final el Senado iba a tumbar con la mayoría del PP la nueva senda del déficit?

El papel del Senado y la famosa Ley de Estabilidad

Sí, esa cámara que no pinta mucho y que llevan siglos queriendo reformar y no lo hacen, resulta que en el tema de los dineros tiene poder. Se lo dio la ley de estabilidad que se aprobó en 2012 (¿os acordáis en plena crisis y dudas sobre el futuro del euro?). Fue la forma más contundente que encontró el gobierno de Zapatero (con el apoyo del PP) para decir al mundo: 

“OIGAN, que a lo mejor ahora ven a España muy mal, pero les juramos que la estabilidad presupuestaria (eso de no gastar lo que no se ingresa) será nuestro credo a partir de ahora. Hemos reformado hasta la Constitución para que quede como escrito este compromiso”.

Conclusión: ¿qué más da lo que dijera el Congreso si luego el Senado con mayoría Popular lo va a vetar? Veta, insisto, solo el “marco” de los presupuestos, esa senda del déficit nueva es un camino muerto. 

Conclusiones del verano

El gobierno no logró nada y tampoco presentó una alternativa en el plazo del mes que indica la ley porque tampoco tenía nada claro si tenía amigos o enemigos en el Congreso a esas alturas. Así que se puso a negociar a saco con los partidos que le apoyaron para llegar al poder. A ver si había forma de hacer unas cuentas que ellos pudieran aprobar.  

Mientras tanto había que poner en marcha una reforma de la famosa Ley de Estabilidad para “cargarse” el veto del Senado. Esto ya está en marcha pero puede tardar meses o una eternidad. Vamos, que no llega a tiempo para el intento del invierno que ahora explicamos. 

El intento del invierno

El ejecutivo de Sánchez, tras las elecciones andaluzas decide que este país lo que más necesita son unos presupuestos. “Ministros, manos a la obra. Pongan en marcha el papeleo”. 

Y esto es como cuando uno tiene que hacer un trámite en la administración y prepara los documentos. El mayor de los terrores es escuchar al funcionario decir al otro lado de la ventanilla: 

“Oiga, que no me ha traído este papel del modelo GC12 (me lo acabo de inventar).”

En este caso el funcionario es la Mesa del Congreso, controlada por el PP y Ciudadanos. Digamos que son los encargados de decidir qué se puede debatir y cuándo en la cámara baja. Y para que no le digan al gobierno: 

“Oiga, que no puede presentar unos presupuestos porque le falta un papel”, Sánchez va a volver a llevar al Congreso su senda de déficit. Ese es el papel. Un puro trámite. El gobierno volverá a defender su “marco”, cifra de déficit del 1,8%, la de los 6.000 millones que les tumbaron en verano. 

El lector avispado habrá concluido ya que, aunque esta vez el gobierno contara con el apoyo de otros partidos (a estar alturas no se sabe nada de eso), el veto del Senado es infranqueable porque hemos dicho que se quiere cambiar pero eso va a tardar. ¡Bravo lector avispado! Esos números del gobierno no saldrán adelante ni en el mejor de los casos. PERO…

(Redoble de tambores, por favor)

Sánchez podrá presentar unos presupuestos ajustándose a la senda de déficit QUE YA DEJÓ APROBADA EL ANTERIOR GOBIERNO DEL PP (la del 1,3% de déficit en 2019). Y a Podemos, independentistas catalanes y el PNV les dirá: 

“Oigan, a mí también me gustaría que la foto fuera más grande pero el marco no me deja. Podemos agrandar si subimos la recaudación de impuestos.” Veremos entonces si estos argumentos valen para conseguir apoyos a sus cuentas. 

Conclusiones del invierno

Sigue sin estar claro si el gobierno logrará esta vez avanzar de la casilla de salida. El primer obstáculo será superar las enmiendas a la totalidad que presentarán seguro PP y Ciudadanos a su proyecto de presupuestos. Solo para eso ya necesitará apoyos. Y si lo consigue, entonces habrá que hablar de las enmiendas parciales a los presupuestos. Y si no lo consigue, entonces no le quedará más remedio que convocar elecciones.

Y en esto consiste, de momento, el mareo de los presupuestos.

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