EL CUENTO DE LAS CUENTAS CATALANAS



Montoro explicando el “control de pagos novedoso” en Cataluña el 15/09/17

La actualidad siempre es una buena excusa para explicar algunas cosas que damos por hecho que sabe todo el mundo. Por ejemplo, Cataluña. Y concretamente sus cuentas.

¿Todo el mundo sabe que lo que se recauda en cada CCAA vía impuestos no se queda en la región? (A excepción del País Vasco y Navarra que se quedan con todo lo que ganan y luego ajustan cuentas con el Estado vía cupo).

-Gracias a esa persona del fondo por levantar la mano. No pasa nada. Uno no nace sabiendo esto. Dígame cómo se llama y en qué ciudad vive.

-Me llamo Laia y vivo en Barcelona.

-Ah, en Barcelona precisamente, muy bien. Pues los impuestos que usted paga allí, de la renta, el IVA cada vez que compra, los especiales que se aplican a la gasolina de su coche… cogen el AVE a Madrid para juntarse con los de esta chica que está sentada en primera fila y que vive en…

-Toledo. ¿En Toledo también hay AVE no? Pues ya lo saben: todos los impuestos viajan a Madrid, vía AVE, regional o Bla Bla Car. No valen excusas. Aquí, en la calle Alcalá número 5 está la caja común. Y desde aquí se reparten. Las normas para “jugar” a esto se llaman financiación autonómica.

-¡Pues qué injusticia!

-Bueno, se llama usted…

-Juan.

-Juan, ese tema si le parece lo comentamos otro día. Pero me viene muy bien su comentario para introducir el tema de la injusticia: que existan unas reglas para repartir los fondos no quiere decir que no surjan situaciones no deseadas. Cataluña no recibe todo el dinero que debería… pero no es la única. La Comunidad Valenciana está peor tratada… Esto lo explicamos ya en un post que no vendría mal refrescar.

Sigamos, sí. Estábamos en la caja común que luego se reparte. Mientras todo iba bien, pues todo iba bien. Un clásico. Y cuando llegó la crisis todo se torció. Otra reedición de otro clásico. Con la crisis la recaudación por impuestos se pegó un tortazo monumental y la bolsica para repartir menguó. Pero en las comunidades autónomas las necesidades eran las mismas (o más).

Había personas enfermas a las que atender (o más)
Había chavales escolarizados (o más)
Había necesidades de asistencia social (o más).

Todas las regiones empezaron a pasarlo mal porque les llegaba menos dinero y encima desde el gobierno central se les pedía que recortaran gastos, que había que reducir el famoso déficit (en el podio de la popularidad del diccionario urgente de la crisis junto a la prima de riesgo). Cataluña concretamente recortó su gasto social en un 26% en seis años.

Y hasta aquí los antecedentes. Pasemos a hechos más recientes hagamos el FLA-for. (Sí, un chiste MUY malo).

Las regiones para poder pagar las facturas recurrieron a la deuda. Pero como los inversores sabían que la cosa no pintaba bien, les pedían un interés muy alto. Los últimos bonos patrióticos que emitió la Generalitat catalana pagaban más 5% de interés. Era una situación insostenible, como una bola de nieve cada vez más y más grande. Así que el gobierno emitió el siguiente comunicado. Leo textualmente:

“La región que esté cansada de que le claven con los tipos de interés que sepa que ponemos a su disposición una línea de crédito sin intereses y como nos encanta poner nombres, la vamos a llamar FLA (que suena mejor que Fondo de Liquidez Autonómico). Es voluntario. Pero los que os apuntéis tendréis que someteros a cierto control por nuestra parte. Vamos, para asegurarnos de que este dinero se gasta bien.”

Al principio parecía que apuntarse al FLA era quedar como el tonto de la clase por muy mal que lo estuvieras pasando, pero muchas regiones terminaron por pedirlo, incluida Cataluña. El ministro de economía lo explicaba de esta manera hace unos días:

“El Tesoro (que es el que paga el FLA) financia a Cataluña como una madre mientras los mercados financieros se comportaban como una madrastra”.

Todo funcionó más o menos bien hasta este verano. El 21 de julio el gobierno le dijo a la Generalitat que a partir de ese momento el control de cuentas que ejercía pasaba de mensual a semanal. Se quería asegurar así el ejecutivo de Rajoy de que no había desvíos de dinero público a pagar ni una sola papeleta porque eso era inconstitucional, según una sentencia del Tribunal Constitucional.

El gobierno catalán tragó hasta septiembre. Vía carta el vicepresidente Oriol Junqueras informó a Cristóbal Montoro que hasta ahí habían llegado: que pasaban de tener que dar explicaciones de lo que hacían con el dinero, que era degradante y que las nuevas leyes que habian aprobado ellos en Cataluña les libraban de esta historia de informar. ¿Qué pasó entonces?

-Volvamos al pasado un segundo más. ¿Alguien se acuerda de una reforma de la Constitución que se hizo hace unos pocos años? Sí, usted, el del suéter azul. ¿Se llama?

-Carlos.

-Gracias Carlos. Cuéntenos…

-Es un cambio que propuso el gobierno socialista de Zapatero y que contó con el apoyo del PP. Lo que hicieron fue reformar un artículo para que la deuda fuera lo primero que se pagara”

-Muy bien. Exacto, eso es lo que hicieron. Corría el año 2011 y las cosas pintaban muy mal en Europa. Para generar confianza en los mercados desde Bruselas se pidió a los países miembros que reformaran sus constituciones para declarar amor eterno a la estabilidad presupuestaria (es decir, a no gastar mucho más de lo que se tiene). En España nos dimos mucha prisa por abrazar este compromiso. Modificada la Constitución, quedaba pendiente escribir la ley que desarrollara estos nuevos principios: así nació la Ley de Estabilidad Presupuestaria en el año 2012.

Fue a esta ley a la que acudió el PP para pararle los pies a Puigdemont. Montoro le dijo al gobierno catalán que tenían que congelar su presupuesto (él lo llamó acuerdo de no disponibilidad de créditos) y que si no lo hacían voluntariamente, lo harían ellos desde Madrid. Y que además, pasaban a controlar directamente el dinero destinado a pagar los “servicios esenciales” (léase educación sanidad y servicios sociales). El resto del gasto para otras cosas quedaba congelado hasta nueva orden. Y el famoso FLA seguiría llegando, pero claro ese ya estaba bajo el control del gobierno central e iba básicamente a repagar deudas que vencían.

¿Intervención lo queréis llamar? El hombre que hablaba de regularización en lugar de amnistía fiscal, a esto ha decidodo llamarlo “control de cuentas novedoso”.

Pero los partidos catalanes han acusado al gobierno de saltarse su propia ley. Vamos, de coger un poco por lo pelos lo que dice la Ley de Estabilidad Presupuestaria. (Hay que leer los artículos 25 y 26 y la disposición adicional primera para poder entenderlo y sacar conclusiones). A mí me genera dudas y agrecería a un jurista que nos aclarara este punto.

Vale, veo caras un poco perdidas… Dejadme que lo intente explicar de otra manera. El dinero que viajaba de Cataluña a Madrid en AVE ya no se repartirá mensualmente como antes. Básicamente se quedará en Madrid y desde aquí otros funcionarios se encargarán de hacer los pagos de nóminas funcionarios catalanes y pagos de la deuda pendiente. El resto del dinero, como si no existiera. Hablamos, según el gobierno catalán, de 475 millones que no volverán a esta comunidad de momento hasta que el gobierno dé nueva orden.*

Montoro decía: “Esto no afecta a las competencias autonómicas en sí. Ya que las instrucciones mantienen”

Si habéis conseguido seguirme hasta aquí, ya es todo un logro. Pero claro, uno se para a pensar, intenta rebobinar y puede surgir una pregunta de nuevo: “¿pero exactamente por qué se pone en marcha todo este tinglado de control de cuentas?” Se supone que fue la carta de Junqueras diciendo que pasaba de informar más… pero entonces, ¿por qué desde el gobierno central se presenta como un caso flagrante de que Cataluña está poniendo en riesgo cumplir con la sagrada estabilidad financiera? Hace nada, la autoridad independiente en mirar las cuentas decía que Cataluña estaba recortando muy bien sus números rojos.

¿De verdad alguien se cree que el dinero público (no sabemos cuánto) que puede haber ido a pagar urnas e impresión de papeletas puede poner en riesgo que Cataluña cumpla con el objetivo de reducir su déficit?

Mmmmmm… ¿no se está utilizando de manera inadecuada la excusa de la sagrada estabilidad financiera?

-¡Pero hay que pararles los pies! ¡¡¡El Gobierno central tiene que controlar que no se gaste dinero público en algo ilegal!!!

-Gracias por compartir su opinión con nosotros…

-Pepe.

-Pepe, yo no estoy diciendo que no tenga que ser así, pero la cuestión que le plantearía es: ¿no hay otros instrumentos a disposición del gobierno? Montoro el otro día les dijo a los diputados que si alguien tenía una idea mejor, que ellos encantados de escuchar.

Esa otra idea en realidad parece que tiene nombre: artículo 155 de la Constitución.

“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”

Los que no tenemos mucha idea de política y leyes nos preguntamos: ¿Qué tiene de horroroso este artículo de la Constitución que nadie quiere ni mencionarlo ni hablar de él?

Mi compañero Juan Antonio Nicolay me lo explicaba así: “el 155 suena a botón nuclear. Se ha creado un poco esa narrativa entorno a él. Y el gobierno supongo que no querrá agotar todas sus opciones todavía…”

Hasta aquí mi explicación de todo este lío por si a alguien le sirve de algo.

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* Se me olvidaba comentar un pequeño detalle más: la Generalitat dispone de unos ingresos propios que no pasan por Madrid. Son sus impuestos propios y suponen unos 200 millones de euros al mes. Pero ese dinero también lo quiere controlar Montoro con la ayuda de los bancos, que deberían denunciar cualquier operación sospechosa de ir a financiar el referéndum. Para el gobierno central se trata de una cantidad muy baja en comparación con los casi 1.500 millones que recibía hasta agosto todos los meses la Generalitat a cuenta de la financiación autonómica.

 

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