THALER, EL ECONOMISTA MÁS DIVERTIDO



Nunca me ha había reído tanto con un libro de economía como con Misbehaving de Richard H. Thaler. Tengo el ejemplar lleno de “Ja,ja” por todas partes. En serio, que de verdad hace gracia. No haría falta otra excusa para lanzarse a leer este libro, pero para no parecer una vaga como Thaler (jaja, eso es lo que dijo de él Danny Kahneman a un periodista, voy a extenderme un poco más.

Thaler ha escrito en primera persona el libro sobre el making of de lo que se conoce como economía del comportamiento. Él es desde luego uno de sus creadores y el camino no fue fácil en un mundo académico dominado por la teoría del homo economicus, es decir, que todos somos tan fríos e inteligentes como Mr. Spock.

Cuando el autor terminó la carrera y se puso con el doctorado alguno de sus profesores no le auguraba muchos éxitos en la profesión. Básicamente porque le interesaban cuestiones que a la mayoría les parecía una tontería. Thaler pensaba que los seres humanos de verdad no se comportaban tal y como decían los modelos económicos de la época (hablamos de los años setenta). Había toda una serie de factores que importaban a la hora de determinar las decisiones que tomaban los agentes económicos. Esas cuestiones, a las que nadie hacia caso, Thaler las agrupó bajo el siguiente epígrafe SIFs = Supposedly Irrelevant Factors. Y esos SIFs hacían que la gente se “portara mal”, es decir se saliera del patrón supuestamente correcto que marcaría Dr. Spock.

La economía del comportamiento no es una disciplina diferente sostiene el autor:

“It is still economics, but it is economics done with strong injections of good psychology and other social sciences. Behavioral economics is more interesting and more fun than regular economics. It is the un-dismal science.”

Misbehaving es la historia muy bien contada de cómo surgió esta visión alternativa, de cuáles fueron sus protagonistas, sus primeros debates con la vieja escuela, sus hitos… Está llena de anécdotas personales y de ejemplos muy buenos para entender esos SIFs. También es una historia de las rencillas y las amistades que surgieron en el camino (mucho desfile de economistas conocidos en este libro).

La lista y el paper

Después de escribir su tesis doctoral “The value of a life”, Thaler empezó a elaborar una lista de comportamientos que a él le chocaban porque desde el punto de vista económico no tenían mucho sentido. Pongo uno de esos ejemplos que cita él:

“La mujer de Lee le compra un bonito suéter de cachemir por Navidad. Lee había visto ya el suéter en la tienda pero le pareció que era un capricho demasiado caro y no se sentiría bien gastando tanto dinero. Pero ahora está encantado con el regalo. Sin embargo él y su mujer no tienen cuentas separadas.”

¿Tiene sentido? El homo economicus de la teoría, el Dr. Spock,  no establecería una diferencia dependiendo de quién comprara el suéter.

Pero el problema de Thaler es que se encontraba con ejemplos parecidos de comportamientos que eran inconsistentes con la teoría pero no sabía que hacer con eso. ¿Cómo iba a escribir un artículo económico?

“Dumb stuff people do, is not a satisfactory title for an academic paper.”

Hasta que un día se fue a una parte diferente de la biblioteca de la universidad y leyó un estudio que le cambió la vida. Se titulaba “Judgement under Uncertainty: heuristics and Biases”. Lo habían escrito dos psicólogos israelíes llamados Tversky y Kahneman. Lo que venían a contar es que la gente cuando toma decisiones comete errores. Pero esos errores no son aleatorios; son muchas veces los mismo. Tenian un patrón, eran predecibles. El trabajo de Thaler era ver cuál de todos los SIFs que tenía catalogados eran relevantes a la hora de predecir un comportamiento, en muchos casos aprovechando los sesgos sistemáticos que señalaban en sus trabajos Kahneman y Tversky.

Por ejemplo: a la gente le dolía doblemente más perder que ganar.

“The fact that a loss hurts more than an equivalent gain gives pleasure is called loss aversion. It has become the single most powerful tool in the behavioral economist’s arsenal”.

Con el tiempo Thaler se hizo amigo de estos dos psicólogos. Aprovechó la estancia de los israelíes en California como profesores visitantes y convenció al decano para que le contratara. Y a partir de ahí empezaron las colaboraciones entre los tres, los paseos, las charlas y una profunda amistad. (A Kahneman le terminaron dando el Nobel de Economía sin ser economista. Tversky había fallecido años antes).

Thaler ya estaba encaminado pero eso no quería decir que sus colegas economistas “normales” iban a ser fácilmente convencidos ante sus descubrimientos. El debate acababa de empezar. Resulta muy interesante el relato de esa evolución de ideas. Keynes, Friedman, Salmuelson, Arrow, Hicks, Barro y sus teorías salen reflejadas en el libro.

Primer asalto: 1985

La vieja escuela y los rebeldes economistas del comportamiento midieron sus fuerzas en un debate que se celebró en 1985 en la Universidad de Chicago (territorio de los que defendían la teoría de Dr. Spock). Este capítulo está narrado como si fuera un partido de béisbol. Jugada por jugada. Lo que decía uno después de presentar su estudio, lo que le contestaba el otro…

En 1992 los behavioral economists se “legalizaron”, formaron una asociación y empezaron a dar cursos de verano para introducir a jóvenes economistas en sus investigaciones. Y entonces pasaron al ataque terrestre: los mercados.

Los mercados pueden no ser racionales

Hasta el momento, Thaler y el resto de su panda habían más o menos sembrado algunas dudas sobre el comportamiento de las personas. Ahora querían ver si los mercados eran tan racionales como decían los ortodoxos. ¿Sobrereaccionaban? ¿Fijaban siempre el precio correcto? ¿Era acertada la sagrada hipótesis de que los mercados eran eficientes?

Hubo un artículo que enfureció especialmente a un profesor de Chicago, Merton Miller, que trató por todos los medios que no se publicara. Al final hizo tanto ruido que todo el mundo quiso leerlo. Clásico efecto Barbra Streisand.

Cosas de la vida Thaler terminó trabajando en la Universidad de Chicago, muy cerca del Eugene Fama, otro premio Nobel por la famosa y rebatida hipótesis de la eficiencia de los mercados*. Thaler también formó parte del Behavioral Team del gobierno del Reino Unido, escribió un libro interesantísimo con un abogado, Cass Sunstein llamado “Nudge”, dirigió la Asociación de Economistas Americanos… Sus profesores estaban equivocados. El rebelde había dejado de ser un bicho raro. ¡Y además era muy gracioso!

No destripo más de las teorías de Thaler porque para eso está él, que lo hace muchísimo mejor. Y si no os gusta el libro, seguid su propio consejo:

“My only advice for reading the book is stop reading when it is no longer fun. To do otherwise, well, that would be just misbehaving”.


 

*Fama contaba esto de Thaler en una de mis entrevistas favoritas de siempre (by John Cassidy en New Yorker): 

“In the old days, a person like (Richard) Thaler would have had trouble getting a job here. But that was a period of time when Chicago economics was basically under attack the world over. There was a kind of a bunker mentality. But now we’ve become more confident. Now, our only criterion is we want the best people who do whatever they do. As long as they are honest about it, and they respect other people’s work, and we respect their work, great.”

Para leer




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