EL STRADIVARIUS QUE ENGULLÓ LA CRISIS



Imagen: Orquesta y Coro Nacionales de España. Fotógrafo Fernando Marcos.

Es bastante probable que en febrero de 2015 Frank Peter Zimmermann hubiera oído hablar de las hipotecas basura (o subprime). ¿Quién no había escuchado ya unas cuantas veces la versión oficial de cómo empezó la gran crisis económica? Lo que quizá le resultaba más complicado de entender a este violinista alemán era que por culpa de esa burbuja especulativa se iba a quedar sin su Lady Inchiquin, el stradivarius con el que llevaba tocando desde hacía trece años.

La pesadilla se materializó justo hace dos años. Zimmermann estaba a punto de cumplir 50 años, daba un concierto en Nueva York pero no pudo llegar a un acuerdo de compra de su querido violín. Cinco días antes de su actuación en el Avery Fisher Hall tuvo que dejarlo atrás y devolverlo a su verdadero dueño: una caja de ahorros alemana en apuros (que era la que se lo había prestado durante años). Zimmermann tuvo que pedir un instrumento prestado con el que tocar a última hora. El solista alemán no falló en el concierto para violín y orquesta de Jean Sibelius. La ironía es que esa partitura había estado durante años encerrada en una caja por deseo de su creador. En ese momento, su Lady Inchiquin descansaba en la caja fuerte del West LB en Düsseldorf esperando precisamente eso: hacer caja.

El West LB no era cualquier banco alemán. En su día fue el tercer más grande del país, estaba controlado por el estado de North Rhine-Westphalia pero toda esa grandeza se esfumó cuando la ola de la gran crisis alcanzó a la banca germana de lleno. La propia Comisión Europea al analizar las tripas de su balance dio la orden de gracia: obligó al gobierno de Angela Merkel a liquidarlo. Y para poder absorber sus números rojos el ejecutivo alemán puso en pie su propio banco malo. (Seguro que a más de uno esta historia les suena de algo…)

¿Una entidad alemana se liquidó y sus activos malos pasaron a un banco malo?

Pues sí. De hecho, si no me equivoco, Zimmermann tuvo la mala suerte de que el banco de su Lady Inchiquin fuera el primero en liquidarse. En efecto, lo alemanes también tenían cadáveres en sus balances. A diferencia de lo que pasó en España, lo suyo no era ladrillo sino apuestas. Muy malas apuestas. Lo cuenta muy bien Michael Lewis en su libro La Gran Apuesta (Editorial Debate).

“WHO’S on the other side, who’s the idiot?”

“Düsseldorf. Stupid Germans. They take rating agencies seriously. They play by the rules.”

West LB era uno de esos idiotas alemanes. De hecho estaba en todas las “salsas” de malos negocios bursátiles. Mientras sus “restos” se gestionaban y buscaban posibles compradores, Zimmermann seguía con sus conciertos cambiando cada mes de violín, buscando un sonido que le gustara tanto como el de su stradivarius. “There is no other violin … that has such wonderful colour and such sweetness,” había declarado sobre el instrumento antes de perderlo.

En octubre de 2015 el violinista alemán estaba en Shangai para un concierto y antes del ensayo general se le acercó un hombre. “Tengo un violín que me gustaría que probara”, le dijo. Zimmermann no tenía tiempo: le esperaba la orquesta para el ensayo general. Pero el señor insistió tanto que le convenció. Fueron a su camerino y sacó el instrumento de su funda. Cuenta que le bastaron unas pocas notas para reconocerlo. No, no era su Lady Inchiquin (es lo que dice todo el mundo cuando llego a este punto de la historia), sino otro stradivarius, el General Dupont (a estos instrumentos se les suele poner nombre de su dueño más célebre). Zimmermann había crecido con el sonido de ese violín: era el que tocaba otro virtuoso: el belga, Arthur Grumiaux.

El hombre del violín resultó ser un tal Mr. Yu, un acaudalado coleccionista. Gracias seguro en parte a la globalización, se había convertido en el primer chino dueño de un stradivarius. Se cuenta que llegó a pagar por él más de once millones de dólares en una subasta. Ese mismo día, Zimmerman tocó con el General Dupont en Shangai y más adelante llegaría a un acuerdo de préstamo:

“I played three notes and I must say, I was really moved,’ Zimmermann told The Strad. ‘The violin had the voice of Grumiaux that I remembered from listening to his recordings as a child. Of course, my “Lady Inchiquin” was still the voice I wanted back – if you have loved Renata Tebaldi for many years you might not want to change for Callas. But the Grumiaux was somehow in my blood – or in my ears – as this was an instrument I grew up with.”

Pero de vuelta en Alemania la ciudadanía no estaba muy contenta con la gestión de la crisis. Otro banco en quiebra había vendido al mejor postor un cuadro de Andy Warhol. A la gente no le hacía gracia la idea que obras de arte que habían pertenecido a bancos públicos acabaran escondidas para siempre en salones de multimillonarios coleccionistas. Aunque fuera para recuperar parte del dinero público que se había utilizado para rescatarlos.

Así que en verano de 2016 el gobierno de North Rhine Westphalian llegó a un acuerdo con lo que quedaba del banco West LB: compraba todo su lote de arte, incluido el stradivarius Lady Inchiquin para que se quedara en la región (y pudiera seguir tocándolo su famoso violinista local). La gracia también de esta historia es que cuando volvieron a hacer inventario de los objetos a la venta se dieron cuenta de que faltaban unos grabados de Picasso. Nunca se supo cómo ni quién se los llevó de la caja fuerte…

A los bancos alemanes les afearon haber sido los campeones en transacciones bancarias arriesgadas. “Una enfermedad crónica”, acuñó la entonces comisaría de competencia Neelie Kroes. West LB fue sin duda uno de esos desastres (también le pilló la crisis mexicana, la de Enron…), gestionado de manera cuestionable, opaca, controlado por políticos… ¿Sigue sonando? El propio ministro de finanzas, Peer Steinbrück, era uno de los encargados de supervisar el banco. Para que veáis que en todas partes cuecen habas y que no hay nadie perfecto…

Pero esta historia de la hipoteca que pidió ese señor sin trabajo en Florida, que luego empaquetó junto a otras parecidas un banco americano para vendérselas con un lacito a una entidad alemana y que terminó encerrando a un violín de 1711 en una caja fuerte de Düsseldof tiene un final feliz. Zimmermann seguramente tocará con su stradivarius “perdido” este fin de semana en el Auditorio Nacional en Madrid. Su pesadilla habrá durado justo dos años.

Ironías de la vida, todavía quedan bancos que no han conseguido despertar de su mal sueño…


Actualización:

Esta historia tan alucinante la reescribí para la contra de El País. Se publicó el día 6 de marzo de 2017. Se tituló “La suerte del violinista” y podéis leerla en este enlace para saber con qué violín vino Zimmermann a Madrid.

Para leer




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