LA MAGDALENA DE LA PRODUCTIVIDAD



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España tiene dos problemas acuciantes: un alto desempleo y una baja productividad. Más o menos así arranca el libro En busca de la prosperidad, de Javier Andrés y Rafael Doménech (Ediciones Deusto). Nuestro país se enfrenta al reto de competir en una economía cada vez más globalizada (con permiso de Trump) con unos problemas de base que hay que arreglar. No hay soluciones fáciles, no hay salidas gratis, pero sí hay reformas que podrían mejorar bastante los cimientos de la economía española.

«Sin decisiones adecuadas España corre el riesgo de instalarse entre los países perdedores de la globalización y del cambio tecnológico».

«España no ha sido en los últimos treinta años ni un milagro económico ni tampoco un fracaso. Pero ha perdido oportunidades«.

Siento que los autores le desmonten en la página 10 la teoría del que fuera asesor económico de Rajoy (ahora Ministro de Energía). Álvaro Nadal sostiene que lo de España es milagroso, sin paragón en la historia reciente mundial.

La magdalena de Andrés y Doménech es sin embargo muy parecida a la de Nadal: se llama productividad (de lunes a viernes) y devaluación fiscal (en los brunches del finde). Los ingredientes son muy parecidos: huevos, harina, aceite, levadura… La primera lleva leche y la segunda yogur griego, pero la masa madre es la misma.

Los retos de la economía

¿Por qué nuestra renta per cápita es más baja que la de Estados Unidos? Los autores sostienen que casi toda nuestra diferencia se explica «por la menor tasa de empleo y la menor productividad por hora trabajada». Conclusión:

«En España utilizamos poco y mal nuestro factor trabajo»

Hay que crear más y mejor empleo, algo con lo que estoy segura nadie puede estar en desacuerdo. La clave está en cómo se logra eso. Aquí van algunos de los ingredientes fundamentales que apuntan los autores:

1. Aumentar el tamaño de las empresas. Cuando más grandes, más profesionales, más productivas y competitivas.

2. Reducir la dualidad del mercado laboral, el peor enemigo de la productividad (sí, es bajón que te da cuando sacas la magdalena del horno y no ha subido nada la masa).

3. Aportando flexibilidad. «La flexibilidad en la contratación es deseable cuando está bien diseñada y aplicada». «La negociación colectiva es muy ineficiente».

4. Haciendo una devaluación fiscal. «Las cotizaciones sociales son muy elevadas en relación a la imposición indirecta lo que encarece nuestros productos y afecta a nuestra competitividad».

¿Quién no dijo que la crisis también era una oportunidad?
Aunque no es un libro sobre las causas y los efectos de la crisis, parte de su narrativa sí nos recuerda un poco a esta temática: España tiene un problema porque sus costes crecieron más que la media y se volvió poco competitiva. La forma de recuperar parte del terreno perdido es reduciendo los impuestos al factor trabajo (cotizaciones sociales) y compensar con una subida de impuestos indirectos. La famosa devaluación fiscal.

Sí, el incremento del IVA tiene muy mala prensa. Andrés y Doménech sostienen que es mejor y más eficiente «compensar» a los que menos tienen vía gasto público que vía impuestos. Es decir, ricos y pobres pagarían el mismo IVA subido pero luego el Estado redistribuiría mejor la renta con sus políticas.

Los autores aportan bastantes datos comparativos:

1. En España el factor trabajo tiene unos impuestos muy altos. Hay margen para bajarlos.

2. En España los impuestos al consumo están bajos. Hay margen para subirlos.

«La evidencia indica rotundamente que aquellos países europeos con menores cotizaciones sociales sobre impuestos indirectos disfrutan de mayor equidad».

La vía de los menús gratis no existe: «los estímulos para aumentar la actividad económica en el presente tienen el coste de un menor crecimiento en el futuro».

Por supuesto que en el camino habría que hacer algo con la educación (aumentar gasto, su eficiencia, la igualdad de oportunidades ex ante), la corrupción y las instituciones (si eso mejorara el PIB podría crecer 0,5 puntos porcentuales por año), la desigualdad (sus causas se parecen mucho al atraso relativo: insuficiente dotación de capital humano, precaridad y alto desempleo)…

En el mercado de trabajo, los autores alaban la reciente reforma laboral, y abogan por más: «es necesario adaptar nuestra regulación para que las empresas puedan crecer en un mundo globalizado sin tener que recurrir a la devaluación interna de forma recurrente».  La devaluación interna es la otra devaluación; la bajada de salarios para abaratar nuestros productos en el exterior y hacerlos más atractivos. La temporalidad no es consecuencia de nuestro modelo productivo sino «de la legislación laboral».

«Dilema: o exportamos bienes o importamos paro»

Muchos de los problemas a los que se enfrenta España ya estaban ahí mucho antes de que estallara la crisis. «Los desequilibrios macroeconómicos importan». Andrés y Doménech tirán de «reformas estructurales» para transformar a largo plazo nuestra economía en un libro escrito de manera bastante clara y accesible.

Economía de laboratorio

Se nota que los autores son docentes. Se nota tanto que a veces da la sensación de estar en un laboratorio de la facultad de Economía. Y la realidad a veces puede no comportarse siguiendo el patrón teórico. Por ejemplo:

1. Se supone que un aumento de la productividad debería trasladarse en una subida de salarios y empleo de calidad. Permitanme que dude de estas matemáticas exactas

2.  El aumento de la competividad hace que se produzca una sustitución de productos extranjeros por productos nacionales… Eso ha pasado en España en la crisis, pero ¿se mantendrá esta tendencia? La supuesta «prueba de fuego» de que las empresas españolas han ganado en competitividad…

3. Las reducciones salariales que hemos visto en España es posible que no se hayan traducido en una necesaria mejora de la competividad. Muchas empresas no han trasladado esa rebaja de costes a los precios de sus productos, sino que han mantenido márgenes (en parte para poder reducir su abultada deuda).

4. La desigualdad básicamente se combate creando empleo, sostienen los autores. Ni una sola referencia a la teoría de las «élites extractivas». Ya sabéis, la que sostiene que el sistema está creado por y para el 1% más rico de la población. «El problema más importante no es cuánta riqueza ostenta el 1 o el 0,1 por ciento de la población, sino cuál es su causa y si sus efectos sobre el resto de la sociedad son positivos o negativos».

5. Ejemplo de economía de laboratorio: la parte en la que hablan que los trabajadores negocian su salario, la retribución en especie, las aportaciones a los planes de pensiones… ¿cuánta gente conocéis que trabaje para una empresa donde se realicen este tipo de aportaciones?

6. Los autores sostienen que muchas más empresas habrían sobrevivido a la crisis de haber existido mayor flexibilidad laboral. No digo que no pero… me parece que decir eso y no decir nada más es contar una pequeña parte de la película. ¿Cuántas empresas habrían sobrevivido si los bancos no hubieran cortado la financiación? ¿Cuantas pymes no habrían echado el cierre si hubieran podido cobrar de sus proveedores (en muchos casos públicos)? No es solo la flexibilidad…

7. Se insiste mucho en que los problemas hay que analizarlos en su conjunto. Tiene todo el sentido del mundo. Entonces, ¿por qué no son más críticos los autores con el diseño de la UE? ¿Por qué no se dice nada de lo negativo que puede ser también un superávit como el alemán (un exceso de ahorro)? De forma indirecta el ahorro se asocia con la virtud, aunque eso suponga generar desequilibiros en los que te rodean. Como decía Stiglitz en su libro del euro «qué de virtuososo tiene algo que obliga a los demás a pecar». Es un error en mi opinión ahondar en esta división de Europa entre buenos y malos. Entre los que lo han hecho bien los que lo han vivido por encima de sus posibilidades y por eso ahora tienen que pasarlo mal y hacer reformas.

Concretamente: «La major contribución que podría hacer nuestro país al proyecto europeo es avanzar decididamente en el proceso de modernización y transformación económica… Se convertiría, así, en un excelente ejemplo de una sociedad que muestra a otras que no quiere ser un lastre para el bienestar de los países más avanzados, sino un aliado en su progreso». LASTRE!!!???

8. Y no digo yo que Andrés y Doménech no tengan razón en muchos de los diagnósticos que hacen, pero no se puede mirar solo un lado de la moneda. Incluso es posible que aún tomando al pie de la letra todas sus recetas la economía no mejorara tanto como predicen sus modelos. ¿Por qué? Porque el marco europeo de unión monetaria en el que funcionamos (y en esto me decanto más por la tesis Stiglitz) arruinaría gran parte de los efectos positivos de la medicina.

9. Ya solo por curiosidad y hablando de premios Nobel de Economía: ¿Cuáles son los nombres célebres que aparecen citados en En busca de la prosperidad?

  • Edward Prescott.
  • Christopher Pissarides.
  • Robert Lucas.
  • Douglas Nortle
  • Robert A. Mundell
  • Thomas Sargent

Por si a alguien le vale de algo.

10. Y lo que me pregunto es qué opinan los autores cuando la cruda realidad plantifica números como estos:

Los salarios ceden, los beneficios resisten. La pérdida de los sueldos en la tarta de la riqueza es de cuatro puntos desde 2008, mientras los excedentes ya superan el valor de entonces

La clase media pierde salario pese a la recuperación económica. EL 10% que más gana aumenta su salario un 34% durante la última década.

 

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