EL EURO DE STIGLITZ: CLARAMENTE UN ERROR



eurostiglitz

“De Joseph Stiglitz hemos aprendido mucho, y muy brillante: de la globalización asimétrica; del viejo FMI en las crisis; de los efectos de la austeridad extrema; de la desigualdad… Pero aprenderemos poco con su nuevo libro El euro (Taurus, 2016), que trae cuenta de obsesiones juveniles y profecías de fracaso incumplidas.”

No estoy del todo de acuerdo con esta crítica que escribía Xavier Vidal Folch en El País. Yo también pensaba que no me iba a aportar mucho un libro sobre cómo ha fracasado el euro escrito por un economista que no vive en Europa y para el que opinar sobre el tema le sale un poco gratis, por así decirlo. Es verdad que Stiglitz, en mi opinión, peca a veces de lo mismo a los que critica tan duramente: la ideología le ciega y retuerce algunos argumentos (ya daré algún ejemplo). Ideología, ideas propias, concepciones de cómo funciona la vida… Me da igual cómo se le llame.*

Pero esto es un blog donde no solemos opinar tanto, así que contaré a grandes rasgos de qué va el nuevo libro del nobel. A modo telegrama:

El euro es un proyecto muy bonito, pero ha fracasado (stop) Crearlo fue una “decisión fatal” (stop) Los que lo crearon estaban cegados de ideología (stop) Se pensó que los criterios de convergencia aislarían al proyecto del peor de los fat tails: los shocks asimétricos (stop) La economía europea va mal por culpa del euro (stop) Si se termina el invento tampoco será el fin del mundo (stops) Pero aquí van las reformas necesarias para que sobreviva (stop) Las medias tintas no funcionarán (stop) O más Europa o menos Europa (stop)

Según Stiglitz su libro va de esto:

“Este libro habla de economía, ideologías económicas y sus relaciones con la política: es el estudio de un caso que demuestra que, incluso con las mejores intenciones, cuando se crean instituciones y políticas nuevas basándose en concepciones simplistas del funcionamiento de las economías, las consecuencias pueden ser no solo decepcionantes, sino desastrosas”.  

El nobel es muy crítico con los fundadores de la moneda única. Aunque en algún momento admite que pudieran estar llenos de buenas intenciones:

“Andar jugando con un sistema económico puede ser peligroso, a no ser que uno sepa realmente cómo funciona. Y dado que los sistemas económicos están en constante evolución, entender cómo funciona es verdaderamente complicado. Los fundadores del euro cambiaron las reglas del juego. Fijaron un tipo de cambio y centralizaron la determinación de los tipos de interés. Crearon nuevas formas para regular los déficits y nuevas normas para regular el sistema bancario. La arrogancia los llevó a pensar que entendían el funcionamiento del sistema económico, y que podían manosearlo en aspectos fundamentales y hacer que tuviera más éxito”.  

Pero si Stiglitz fuera europeo y le preguntaran qué prefiere, el autor deja claro que votaría por introducir los cambios para que funcione la moneda única (también Krugman en su último libro sobre la crisis defendía que quería salvar el euro con su texto). Así que a pesar de los titulares que he visto por ahí, en el libro esto queda bastante claro. Pero también incide en que el hundimiento del euro no sería el fin del mundo, tal y como debe pensar la mayoría de los europeos. Y que incluso puede haber una opción intermedia: un euro flexible (parecido a lo que teníamos antes de la moneda única).

Desde luego, a quienes no les va a gusta nada el libro, a parte del citado Vidal Folch, va a ser a los alemanes. Stiglitz se despacha con esa visión alemana de que ellos son los buenos porque ahorran y en que gracias a eso les va fenomenal. Alemania, según el nobel, solo le va bien si se compara con sus socios, pero no puede considerarse un ejemplo de éxito en su opinión. Además, ha utilizado su poder económico para imponer su visión económica en la salida a la crisis:

“Alemania y sus aliados, como sanguijuelas medievales, sostienen que hay que mantener el rumbo. Lo que hace falta, dicen, es más austeridad y más reformas estructurales”.

“En lugar de corregir el problema de fondo se siguieron implementando políticas basadas en una teoría claramente fallida. Que hicieran eso sugiere una cosa: que era una cuestión de ideología, y no de ciencias económicas. Ignorar las evidencias fue un error deliberado. Puede que a Alemania no le conviniera comprender los errores, porque eso la habría obligado a hacer algo más que sermonear a sus socios”.

Para los que hemos seguido el debate sobre el futuro de la unión monetaria, el libro de Stiglitz no aporta grandes novedades aunque es verdad que resulta bastante polémico. Eso no quiere decir que no tenga razón en otro puntos (más allá de su premisa principal de que el euro fue un error y que ha causado su propia crisis). Lo que más me ha gustado del libro es esa forma que tiene el autor de poner encima de la mesa verdades como puños de manera concisa y clara. Y estos son, en mi opinión, algunos de esos hechos constatados:

1. Vale, a lo mejor todos los “papás” del euro no eran unos fundamentalistas del mercado. Pero las reglas que se diseñaron para que funcionara el proyecto sí que estaban basadas en concepciones que la realidad ha demostrado erróneas. Citaré dos: los criterios de convergencia lo solucionaban todo a priori, un banco central europeo centrado en un objetivo de inflación 2% era una especie de garantía de prosperidad.

2. No todos pueden ser Alemania. Esta idea tan asentada de que todos debemos ahorrar y no gastar más de lo que ingresamos tiene un “pequeño problema”: no cuadra.

“Los ahorros están asociados a la virtud. Pero poco tiene de virtud aquello que solo puede alcanzar obligando a otro a volverse pecador si las propias acciones originan inevitablemente problemas en algún otro país.”

3. El euro ha aumentado la división en Europa: entre países deudores y acreedores. Políticamente estamos menos unidos que hace unos años dado el aumento de nuestras divergencias.

4. La batalla de las ideas en economía y política van unidas. Ambas esferas se retroalimentan y en ambas la ideología juega un papel importante. Y un grupo de países no puede avanzar si tienen concepciones tan distintas sobre el funcionamiento de la economía, tal y como argumenta el autor.

5. Es importante tener normas. Pero igual de importante tener la flexibilidad suficiente para encarar situaciones imprevistas. No todo se puede prever y plasmarlo en un decálogo de reglas. No podemos condenar un proyecto porque hay que seguir las reglas…

Hay otras cuantas cuestiones que también suscitarán debate:

Para empezar, la versión que da Stiglitz sobre los resultados de la devaluación interna. Según él, no ha servido para nada: las exportaciones tampoco han salvado a los países que la han aplicado y los perjudicados han sido los trabajadores. La mayoría de las empresas no han trasladado a sus precios la bajada de costes laborales, sostiene el nobel. Y sobre su opinión de por qué se impuso la austeridad. “Tal vez hubo también unos intereses políticos: hacer caer a Gobiernos de izquierda”.

Tampoco habrá muchos que estén de acuerdo con los cálculos que hace sobre el balance de la prosperidad que prometía el euro. Ni del aumento del poder de Europa en el mundo que vaticinaba tener una moneda común. Para Stiglitz la moneda única no ha cumplido ninguna de las promesas y los costes asociados a cargar con ella han sido superiores a sus beneficios.

Su propuesta de un euro flexible (que no termino de entender del todo) puede escandalizar a los que piensan que a los mercados hay que dejarlos operar sin intervenir. Me encanta como contraataca el autor:

“Pero la propia eurozona es una interferencia enorme en el mercado; fija una variable crucial, el tipo de cambio, e impone un único tipo de interés para toda la región.”

Y muy cuestionable resulta el uso que hace el autor del proceso de independencia en Cataluña (a la que deduzco se refiere en este párrafo):

“El escenario político que nos espera no es muy halagüeño: los partidos moderados comprometidos con el euro están perdiendo terreno frente a partidos con posturas más extremas; en el caso de España, los partidos que piden la independencia regional no dejan de crecer”.

Para los defensores de Europa, como Joaquín Almunia, Stiglitz no reconoce en su libro los avances que se han hecho en los últimos años. Es verdad que la unión bancaria se ha montado en dos años (y para el euro se tardó muchísimo más). Pero una de las medidas más importante de esa unión, la garantía de depósitos común a toda Europea, no está claro cuándo saldrá adelante.  Es posible que en este sentido el nobel no sea del todo justo en cuando a lo que se ha cambiado ya.

Pero nadie creo que pone en duda que hay muchas cosas del euro que no están bien. Unos dirán que esas reformas ya están en marcha. Que si los gobiernos hacen su parte (las famosas reformas estructurales) Europa volverá al crecimiento sostenido. (Stiglitz dice que esto no se arregla ni con reformas estructurales, que el problema es la propia estructura del euro, así que por mucho que nos liemos a reformar estaremos prácticamente en las mismas).

Y otros argumentan que si nos empeñamos en seguir adelante (vale, tocando un poquito esto de aquí y lo otro de allá, pero sin un cambio verdadero y rápido) entonces fracasará el propio proyecto europeo. No se puede avanzar o seguir caminando junto a socios que piensas te están haciendo la vida imposible. Y funciona en los dos sentidos.

Pero para avanzar hace falta más Europa y eso ahora a mí me parece complicado. A ver cómo vendes en tu tierra que cedes más soberanía para que “los del Norte te impongan lo que hay que hacer” o para que “los del Sur se aprovechen y sigan despilfarrando”. La ecuación es muy complicada de resolver.

 

* Un libro más equilibrado sobre el euro y la situación económica actual es el de Martin Wolf, ( y del que tenemos pendiente una reseña en el blog). El columnista del FT reconoce nada más empezar que estaba muy equivocado respecto a muchas aspectos y que por esto, entre otros factores, decidió escribir el libro. El propio Stiglitz le copia la metáfora del matrimonio para explicar la unión monetaria y sus desajustes (solo por ese capitulo merece la pena comprar el libro de Wolf).

Ilustración, Macroeconomía, Para leer, Política




2 comentarios en “EL EURO DE STIGLITZ: CLARAMENTE UN ERROR

  1. “La batalla de las ideas en economía y política van unidas”. Tiene razón, pero en europa pareciera que el debate se realiza solamente en el ámbito de ideología estatalista e intervencionista. No hay voces realmente liberales en el parlamento europeo. Y el euro es una prueba de ello.

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