VIVIENDO EN «UNCHARTERED TERRITORY»



Uno no se puede ir a la Luna sin haber pensado en todo: tiempo de viaje, condiciones atmosféricas, órbita del sol y tierra, trayectoria de asteroides, combustible, herramientas por si se rompe algo, trajes de astronauta, música y lectura para ratos muertos,… (es básicamente todo lo que se me ocurre).

Te subes a la nave después de un duro entrenamiento pensando que estás preparadísimo ante cualquier imprevisto. Has hecho los deberes y tus listas, pero la Luna es en realidad unchartered territory. Es decir, un terreno desconocido al fin y al cabo.

Un día, en uno de tus paseos por la Luna, va y te encuentras con un extraterrestre.

the way back home Oliver Jeffers

Tienes dos opciones:

1. Tratar de averiguar si supone un peligro para tu integridad física y resolver la situación con el objetivo de volver sano a casa.

2. Volver a la nave e ignorar que te lo has encontrado porque… ¡en la Luna no hay extraterrestres!

En Europa seguimos empecinados en la segunda opción. Ya lo demostramos con la gestión de la crisis griega. Como en nuestro manual de vuelo no ponía nada de «alivio de la deuda», pues ni nos lo planteamos. (Disclaimer: este post es casi igual al que publicamos hace unos meses sobre la crisis griega. Pero es que viene muy bien otra vez para explicar lo de las famosas reformas estructurales). 

Y aquí continuamos discutiendo sobre si eso que se mueve en la punta de la nave es un extraterrestre o un trozo de tela de la bandera comunitaria que se ha terminado rajando con las turbulencias del viaje.

El mundo está cambiado a toda velocidad y tenemos que adaptarnos. Concretamente el negocio bancario está viviendo una profunda transformación. «La única respuesta a estos cambios son las reformas estructurales. Deberíamos ser más ambiciosos», declaraba el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, esta semana.

A mí, con las reformas estructurales me pasa siempre lo mismo: que no sé exactamente de qué me hablan. No entiendo por qué no se les pone nombres y apellidos. Aquí en Europa todo discurso razonado que se precie se arranca con «unas reformas estructurales» en algún momento. Seguramente si los que hablan hicieran una lista de qué entienden por «reformas estructurales» nos encontraríamos con más de una sorpresa.

El economista Simon Wren Lewis escribía esta semana algo así:

La reforma estructural de la que nadie en la Eurozona quiere hablar está en el propio corazón de la zona euro: el BCE. Hay que reformar el BCE. Su gestión de la crisis griega es otra prueba de ello.

Yo creo que tiene mucha razón. Hay que admitir en voz alta el tabú: ¡EN LA LUNA HAY EXTRATERRESTRES! ¡EN PLURAL!

De nuevo, ante esta realidad, nos encontramos divididos:

Grupo 1: Los que admiten que hay uno (o varios) extraterrestre en la Luna y que debería hacerse algo.

Grupo 2: Los que creen que, si damos por buena la tesis de que realmente existe una especie de ET en la Luna, es posible que se vaya por donde ha venido. Problema resuelto.

El caso es que escuchando a Draghi uno podría pensar que se alinearía con el Grupo 1. Sin embargo es muy posible (qué digo muy posible, es casi seguro), que la mayoría del Grupo 2 termine aplastando las evidentes señales de que la crisis ha dejado a la vista enormes grietas en el sistema y que hay que hacer algo. AHÍ TAMBIEN HAY REFORMAS ESTRUCTURALES CON LAS QUE ENFANGARSE.

En la Luna, en la economía y en la vida en general, hay muchas formas de reaccionar frente a los imprevistos:

  • Negar la realidad.
  • Buscar una solución en el manual.
  • En caso de no encontrarla, crearla.
  • O no hacer nada y quejarse mucho,  tipo ¿quién se ha llevado mi queso?

En mi opinión, es evidente que uno no puede seguir investigando en la Luna, en ese unchartered territory, tirando simplemente de manual. Es demasiado arriesgado. Seamos más ambiciosos, que diría Draghi.

Macroeconomía




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