NOS JUGAMOS MUCHO MÁS QUE EL EURO


Hace justo tres años, el 29 de junio de 2012, escribimos este post. Merecía la pena volver a publicarlo en el blog. Pensamos lo mismo, pero con más pena.
eurogrupo

Foto del Eurogrupo en Noticias Cuatro

Nos equivocamos o no profundizamos lo suficiente cuando pensamos que en esta crisis “sólo” está en juego el euro.  La moneda única es algo más que un proyecto económico-político. Son muchos los países que siguen atentos nuestra evolución, nuestros problemas, nuestra forma de solucionarlos. Evidentemente lo hacen, en parte, por motivos económicos. Pero no despertamos su interés únicamente por eso. Nuestro fracaso podría condicionar la resolución de los problemas globales. Si no logramos salvar el euro, las consecuencias no se limitarán al terreno de las cifras y el dinero. Desaparecerá también la esperanza de que los países pueden alcanzar, a través de la cooperación y el diálogo, acuerdos que beneficien a todos.
La Unión Europea es un experimento de integración único. Hemos sido los primeros que nos hemos atrevido a dar un paso más allá de nuestras fronteras para unirnos con otros países a los que sentimos como algo más que vecinos de continente, a pesar de la terrible historia que nos une. Existe un innegable sentimiento europeo que se ha ido construyendo poco a poco desde los metalúrgicos orígenes de la unión en el año 1951.
Hemos conseguido avanzar hasta crear un Parlamento Europeo, un Gobierno Europeo, unos tribunales europeos, unas políticas y unos fondos europeos, un mercado único y con el euro, una moneda europea. No ha sido fácil, desde luego. Cada uno de estos progresos ha requerido de unos líderes comprometidos con una visión de futuro.
Ahora, visto en retrospectiva, es posible que algunos de esos pasos, como la creación de una unión monetaria, fueran precipitados. Quizá los políticos no tuvieron en cuenta las características del terreno que iban a pisar. Llevados por el espíritu europeísta quisieron llegar a cima antes de tiempo, sin periodo de aclimatación. Y ahora, nos falta oxígeno. Pero eso no quiere decir que erramos al intentar hacer cumbre, sino que subimos sin estar del todo preparados.
Es el momento de actuar y avanzar, de adoptar las decisiones necesarias para defender y blindar nuestro proyecto. Sí, hemos cometido errores. Nos ha cegado el ansia y el orgullo de ser los primeros en escalar la montaña. Pero si nosotros los europeos no somos capaces de solucionar este problema, NUESTRO problema, un problema que hemos CREADO nosotros, ¿qué le depara el resto del mundo? Sin cooperación, diálogo y decisiones que tengan en cuenta el interés colectivo, ¿cómo vamos a lograr ponernos de acuerdo con países con los que tenemos mucho menos en común en temas igual  o más importantes como el cambio climático?
Si Europa salva al euro arriesgando de nuevo (por supuesto, arriesgamos todos) se demostrará una vez más que la integración y la cooperación pueden encontrar un camino común en un mundo en el que los intereses de unos y otros parecen cada día más divergentes.Por eso, cuando me preguntan si se acabará el euro, siempre respondo que no: me parece imposible que los líderes europeos no se den cuenta de esto.

Macroeconomía, Para leer, Política




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