¿ME EXPLICAS LO DE BANKIA? II



“La contabilidad es como un chicle, por decirlo claro.”

Francisco González, Presidente del BBVA días antes de la intervención de Bankia el 9 de mayo de 2012.

Ilustración de Iván Solbes

Ilustración de Iván Solbes

En mayo de 2012 publicamos el post más leído de este blog ¿Me explicas lo de Bankia?. ¿Cómo había terminado esta unión de cajas intervenida y con un agujero millonario al que se tuvo que hacer frente con ayudas públicas? ¿Cómo era posible que de la noche a la mañana las cuentas de Bankia fueran radicalmente distintas?

El juez que lleva este caso encargó a dos inspectores veteranos del Banco de España un informe para tratar de entender esto mismo. Las conclusiones de estos dos expertos (que desde el Banco de España insisten no reflejan la opinión del regulador) son demoledoras: las cuentas de Bankia no estuvieron nunca bien. Como ya resumimos en el post anterior, según esos dos peritos la realidad superaba la ficción de las cuentas de Bankia.

En nuestra opinión, no debería sorprender tanto haber encontrado “sorpresas” en las cuentas de la unión de un conjunto de cajas entre las que figuraban las valencianas Bancaja y el Banco de Valencia. Habría que hacer un verdadero ranking de cuál de todas es, parafraseando al anterior gobernador del Banco de España, “lo peor de lo peor” (en teoría era la también valenciana CAM).

Por resumirlo en una frase, lo que dicen los peritos es que las cuentas de Bankia no reflejaban la imagen fiel (esto es un término contable) porque había muchas pérdidas del ladrillo principalmente que se conocían pero que no se reflejaban en las cuentas. Es decir, que un promotor al que se le habían prestado millones no iba a poder devolver ese dinero, pero en la contabilidad no figuraba como moroso sino como “refinanciado”. Si esto se demuestra que fue así, que los directivos maquillaron los números en su huida hacia adelante, podrían enfrentarse a penas de prisión. Pero no se debería centrar el tiro solo en ellos.

El caso es que, insistimos, esto no puede resultar una sorpresa. Se sabía. Pero no solo se sabía en las propias entidades antes de fusionarse. De hecho el informe señala que gran parte de esta mala contabilización viene de antes de la unión que dio lugar a Bankia. Ni el Banco de España, ni los gobiernos autonómicos, ni el Ministerio de Economía, ni la CNMV, ni el auditor de las cuentas de Bankia, ni el resto del sector bancario ni las autoridades europeas ni los propios directivos apretaron al botón de alerta.

¿Por qué?

1. Banco de España. Había inspectores “empotrados” en estas cajas que no avisaron de estos errores contables, dicen los dos peritos en su informe. Y ellos tenían acceso a todos los créditos que se daban. Si alertaron en su momento desde luego fueron silenciados. Para el entonces gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez “no tiene sentido buscar chivos expiatorios porque no los hay”. Otro argumento del regulador es: nosotros no teníamos en nuestro “kit de herramientas” forma de meter mano a este problema. Eran las Comunidades Autónomas las encargadas de la supervisión.

2. Comunidades autónomas. Después de los propios directivos, eran las segundas menos interesadas en activar la alarma.  Al fin y al cabo esas cajas habían servido fielmente los intereses políticos de los presidentes de las autonomías, alcaldes, presidentes de diputación, partido… El nivel de ejemplaridad y buena gestión llegaba hasta unas tarjetas black para tener a todo el mundo contento y que nadie se opusiera a nada. Así que háganse una idea del criterio profesional del resto. De hecho, una de las cosas más interesantes del informe de los peritos es la disección de algunas de las operaciones más lesivas para las cuentas de la cajas. Compras de participaciones en empresas que ya perdían dinero, de gente conocida, de empresarios amiguetes… dinero que luego revertía en las cuentas bancarias de los propios empresarios. Un verdadero escándalo. Por no hablar de la ética con la que se las gastaban en el Banco de Valencia. “Nos hemos encontrado con depósitos de clientes que en la letra pequeña ponía que se convertirían en deuda subordinada (algo muy parecido a las preferentes) al cabo de un mes”, nos ha contado alguien del sector con acceso a esos contratos.

3. Ministerio de economía. Al gobierno socialista le tocó lidiar con este toro embolado con pérdidas millonarias del ladrillo pero optó por guarecerse en la barrera. Allá voy con la primera metáfora taurina de mi vida: porque enfrentarse a ese toro suponía pedir al público que bajara al ruedo a sofocar el fuego. Y la gente, al fin y al cabo, primero ya se había gastado dinero en una entrada y segundo, no había ido allí a enfrentarse a ningún animal. Eso era cosa del torero. Al Ministerio dirigido entonces por Elena Salgado se le ocurrió una idea: “si juntamos unas cuantas cajas que están mal con otras que estén menos mal… de la unión sale la fuerza. Podríamos solucionar el problema sin tener que torear ni pedir ayuda al público”.  A eso le llamaron SIP (parecido al RIP, sí), más popularmente conocidas como fusiones frías. Esto ya os lo explicamos detalladamente en otro post del blog: “Me explicas el rescate bancario en cristiano”. Bankia es resultado de un SIP. Salgado, en sus explicaciones sobre la reestructuración decía: hay que dotar a las cajas de instrumentos para que puedan crecer (como por ejemplo salir a bolsa). “La ayuda pública es temporal” (Bankia ya pagaba un 7,5 por ciento de intereses por los 4.500 millones que le habían prestado para hacer la SIP).

4. CNMV, Comisión Nacional del Mercado de Valores. Fue también bajo el gobierno socialista cuando las cajas en apuros colocaron gran parte de sus mal llamadas participaciones preferentes. En la propia CNMV estaban preocupados por su extensa comercialización, pero no hicieron nada o poco. Es posible que tampoco les dejaran hacer mucho más. Porque  el mantra del gobierno socialista era: “ni un duro público para los bancos malos”. Así que los bancos malos se las ingeniaron para buscar dinero en otra parte. Primero en preferentes, lo que nos convirtió en “el único país civilizado del mundo en comercializar este producto entre particulares” y luego con la salida a bolsa de Bankia de la que hablaremos más detalladamente.  La CNMV insistimos no alertó de casi nada. Y aunque el folleto de salida a bolsa de Bankia está lleno de avisos por posibles riesgos, el caso es que se dio por suficiente la información financiera que recibió, y se aprobó. Recordamos que para poder salir a bolsa y vender acciones no basta con ponerse en la puerta de la bolsa con unos papelitos: hacen falta permisos. Como cuando uno se pone a vender hamburguesas: necesita un sello de las autoridades sanitarias. Bankia tuvo el suyo. Y ya por último, déjenme recordar que en la CNMV estaba de vicepresidente entonces el actual vicegobernador del Banco de España, Fernando Restoy.

5. Deloitte, el auditor. Nunca puso una pega a las cuentas. Pero los errores contables de los que hablan los peritos se podían haber detectado. No pasó.

6. El resto del sector bancario. Los bancos también tenían sapos de cemento que tragar, pero a diferencia con las cajas, tenían el músculo para poder generar ingresos por otro lado e ir tapando esos agujeros. Pero además, desde la propia patronal que los agrupa, la AEB, existía otra consigna clara: no hay que liquidar a nadie. Es decir, no se puede cerrar una caja, pagar a los depositantes y cerrar todas las posiciones porque eso podía desestabilizar a todo el sistema. Los bancos, en nuestra opinión, lo que querían era quedarse con los restos de las cajas a precio de saldo. Y así terminaron haciéndose con la CAM, Banco de Valencia y Catalunya Caixa en unas condiciones muy ventajosas. En realidad les pagamos para que se quedaran con ese marrón. Los bancos estaban hartos de que se metiera a todo el sistema financiero español en el mismo saco y que ellos lo pasaran tan mal cuando salían fuera de España y pedían dinero prestado. Sufrieron durante años el estigma de que la banca española no era de fiar.

7. Las autoridades europeas. Recordamos que Caja Madrid y Bancaja primero y luego BFA-Bankia superaron los famosos test de estrés que hicieron las autoridades europeas. El último aprobado llegó tan solo días antes de la salida a bolsa. En alguna parte de Fráncfort y Bruselas tampoco se enteraron muy bien de qué había detrás de las cuentas de estas entidades o no se fijaron bien en cómo estaban contabilizadas las cosas.

Como explicaba muy bien Nicolás Sarries, los dos peritos del Banco de España, “olvidaron” en su informe mencionar el papel de cada unos de estos actores y su responsabilidad.

Respecto a la salida a bolsa de Bankia en verano de 2011:

Los peritos calculan que el perjuicio para los accionistas ronda los 3.100 millones. Se han detectado compras sospechosas por parte de clientes “morosos oficiales” de las cajas y ventas durante los días siguientes que indican el dudoso interés de estos inversores.

Pero es que si uno echa la vista atrás, la salida a bolsa de Bankia se convirtió en una cuestión de Estado impulsada desde el Gobierno socialista. Se pidió a todo el mundo que la apoyara. En la sesión de control del año 2011, un mes antes del estreno bursátil, José Luis Rodríguez Zapatero declaró que esperaba que fuera un éxito porque “había mucho en juego para el sistema financiero”. Por supuesto, si Bankia no hubiera salido a bolsa al gobierno de España le habría tocado salir de la barrera desde la que seguía viendo la corrida. Total, ¿qué eran? ¿3.000 millones más sumados a los 4.500 que ya le había prestado? No, no, la solución tenía que ser privada. Y resultó siendo privada sí, pero de unos pequeños accionistas que perdieron casi todo su dinero.

Sinceramente no creo que los entonces directivos de Bankia se esperaran el deselance de mayo de 2012. Ni ellos ni casi nadie. Ofuscados con una huída hacia adelante (justificada o no) nadie quiso apretar el botón de alarma. Hasta que llegó un informe del FMI el día 25 de abril de 2012 que puso todo patas arriba. A toro pasado todo más sencillo de analizar. Un argumento utilizado habitualmente por todos los que jugaron un papel en este asunto. Es verdad, pero eso no les exime de dar explicaciones de por qué nadie plantó cara a ese toro antes.

 

 

Bancos, Bankia, Ilustración




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