CUANDO EL “ENEMIGO” DUERME EN CASA



Decir que la actual crisis es consecuencia de la avaricia de los banqueros puede  parecer un argumento muy convincente. Pero es demasiado bueno para ser verdad. Sin dejar de ser cierto, los comportamientos personales en el mundo de las finanzas solo explican una parte de lo que estamos viviendo. Fallaron muchísimas cosas más: la supervisión, los modelos de inversión en los que se basaron muchas decisiones, la propia teoría económica que no contemplaba una hecatombe como la que vimos, la enorme conexión entre entidades tampoco se tuvo en cuenta, los incentivos del sistema generaban más desequilibrios, la cultura financiera de los clientes… El error no fue solo de un grupo de personas obcecadas con enriquecerse a costa del resto (que también). El fallo fue de todo el sistema. Algo que explica muy bien el periodista Martin Wolf en su último libro “The Shifts and the Shocks“.

Ilustración de Milo Winter

Ilustración de Milo Winter

Plantear que la situación que vive nuestro país es el resultado de la famosa teoría de la cigarra y la hormiga es igual de simplista que el argumento de la avaricia de los banqueros. Funcionó como teoría de emergencia, cuando estalló la crisis, pero llevamos ya seis años. ¿No hemos aprendido nada más? Sin embargo, el jefe de la oficina económica de La Moncloa, Álvaro Nadal, la persona que asesora a Rajoy en materia económica, parece que se aferra a lo simple, que también parece que cala más. Nos va como nos va, explicaba la semana pasada Nadal en una conferencia, porque durante una época (en la que por supuesto el PP no estaba ya en el poder), los precios de los productos y de los salarios subieron mucho en España. También nos endeudamos una barbaridad pidiendo prestado fuera. Los tipos de interés eran extraordinariamente bajos. “¡Yo en mi hipoteca en el año 95 pagaba un 12% de interés y era precio de amigo!”, recordaba Nadal. Claro, con el euro todo era mucho más fácil. Y cuando la crisis nos cambió el gesto de la cara, resulta que ya no éramos competitivos. Y la forma de abaratar nuestros productos para vender fuera ya no podía ser la devaluación de la peseta (tal y como os explicamos en el post sobre la “otra devaluación”, la fiscal).

Por si no tuviéramos poco con acumular ordenadamente las lavadoras y los coches que producíamos y que ya nadie quería por careros, los ingresos del Estado se desplomaron “como en ningún otro país”, relataba el asesor de Rajoy. Nadal citaba como ejemplo la recaudación del IVA donde parece que ingresamos menos que Chipre en relación a nuestro PIB. Conclusión: tocaba por lo tanto pagar por nuestros pecados (esto no lo dijo él así) y “solo nos quedaba una salida: mejorar la competitividad”.

Así que repitan conmigo: competitividad, competitividad, competitividad. Y les aseguro que ni aún así alcanzan el ritmo de repetición del señor Nadal. Para él, mientras tengamos “cierta obsesión por la competitividad como la que tienen los países centrales de Europa que no están en crisis”, nos irá bien. “En esta vida es muy importante ser competitivo”.

¿Cómo se mejora eso? El mecanismo más fácil, rápido y efectivo: depedir a gente. Si los mismos productos se fabrican con menos trabajadores… resulta que los empleados son más competitivos por arte de magia (¡ahora un empleado fabrica coche y medio!). Pero las listas del paro se multiplican por tres. Un cambio radical, que ya os contamos desde el punto de vista de los presupuestos.

Pero después de este primer ajuste (que por supuesto tampoco tuvo mucho que ver con el PP) ahora se quiere cambiar el patrón. “El patrón ahora es ajustar los costes con negociaciones más moderadas” proponía Nadal. Vamos, que nos vayamos olvidando de las subidas salariales para recuperar poder adquisitivo (porque gracias a una inflación baja, ¡lo estamos ganando!, dicen también en el Gobierno). Todo sea en aras de la competitividad, “la lección más importante de la crisis”, según Nadal. “No necesariamente pierdes si te moderas y eres disciplinado. Subiendo todos muy poquito, pero menos que mi competidor, al final gano. Volver a lo de antes supone tener un 24% de paro“. Y ahí están los resultados: el “espectacular” aumento de las exportaciones. “Vamos por el buen camino”, nos asegura el asesor del presidente.

No seré yo quien baje del burro al jefe de la oficina económica de La Moncloa, pero me temo que esa ganancia de competitividad tiene poco recorrido más tal y como están las cosas (la economía alemana no chuta y ¿quién nos va a comprar ahora nuestros productos tan supercompetitivos?) ¿Cómo se mide esto? Pues el indicador más común es el diferencial de inflación: veo lo que subo yo los precios, me fijo en lo que hacen los vecinos y la diferencia es el famoso diferencial. Si yo subo menos, entonces gano competitividad porque mis productos se encarecen menos que los del vecino. En este apartado tampoco nos va tan bien como antes, y el propio Nadal lo reconocía de esta manera:

“La base de todo esto, es que mantenemos un buen diferencial de inflación con Europa. No tanto con la zona euro. Con el resto. Eso es lo importante”. 

¿Dice que no tanto con la zona euro? ¿no deberíamos ganar competitividad frente a nuestros principales clientes comerciales? ¿no sería eso lo importante? Que los precios en Alemania también suban muy poco ( no ayuda.  Os hablamos de esta problemática en este post sobre un estudio de Ángel Ubide).

Siguiendo la argumentación de Nadal, la ganancia de competitividad no marcha tan bien si nosotros nos moderamos pero el resto hace lo mismo. Es como tirar nuestros esfuerzos a la basura. Pero eso no parece preocuparle tanto. Además España no tiene es un problema de demanda (esto es una cosa muy de los economistas ortodoxos), como dicen algunos (como los no ortodoxos tipo Krugman): “en este país no es difícil conseguir que la gente compre. Lo difícil es que elijan el producto español. El problema es la competitividad”, insistía Nadal.

Me llevaría otro post explicar por qué todo este razonamiento me produce pavor, más si quien lo sostiene con tanto entusiasmo es el señor Nadal. Pero este hombre, más que Álvaro parece que se llame Jürgen. “Tenemos que jugar con las reglas de Norte: disciplina, competitividad y ganar cuota de mercado dentro y fuera de nuestras fronteras”. Ja, mein Herr! Me temo que tenemos al “enemigo” en casa.

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Nos comunican que debe haber alguna interferencia entre los canales de comunicación del Gobierno (no será el primer caso). Resulta que la teoría de Nadal (iba a decir teorías, pero el plural es un poco exagerado) no se reciben con claridad en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Solo eso podría explicar la última declaración de su titular, Fátima Báñez:

“España no va a competir con salarios bajos. Va a competir con talento, innovación y capital humano”

Fátima, a Álvaro vas.

Macroeconomía, Política




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