SOCIEDADES DURMIENTES, ¿QUÉ SON Y QUÉ PINTAN EN LAS RECIENTES TRAMAS DE FRAUDE?



Las últimas y más recientes tramas de evasión de impuestos, blanqueo de dinero y facturas falsas, han recurrido todas al mismo truco: comprar una empresa de segunda mano. Una no, muchas sociedades de segunda mano. En realidad se conocen como “sociedades durmientes” porque son empresas que ya están creadas pero carecen de actividad.

A la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, le parece “impresentable, deleznable y repugnante” que se creen empresas para defraudar. Y es que en el caso de los ERES de Andalucía se recurrió a esta estrategia para ocultar el fraude. Pero no ha sido el único.

También implicados en la trama Gürtel, el caso Noos, el caso Fabra y más recientemente Gowex compraron algunas de estas sociedades supuestamente para tratar de ocultar sus operaciones. Y casualmente todos acudieron al mismo sitio: el “vivero” de sociedades durmientes de Ramón Cerdá, un empresario afincado en Ontinyent (Valencia) y fundador de sociedadesurgentes.com.

El servicio de venta de sociedades es legal y no implica ningún tipo de fraude. Fue Cerdá a quien se le ocurrió crear este negocio en los noventa, cuando crear una empresa en nuestro país era una odisea administrativa. Un cliente que necesitara con urgencia crear una sociedad podía acelerar todos estos trámites con la adquisición de una ya existente. Además de la rapidez, ¿qué interés puede tener alguien de comprar una sociedad durmiente a Cerdá u otra empresa (que las hay) que se dedican a eso?

1. Rapidez. En menos de 24 horas la empresa ya está operativa para funcionar, emitir facturas, contratar, pedir un crédito…

2. Confidencialidad u opacidad. Si tú compras una empresa “de segunda mano”  la ley no exige que los dueños de esa empresa figuren en ningún registro. La ley solo obliga a que se identifique públicamente al administrador, que puede ser cualquiera. Si tú constituyes la empresa de cero, entonces sí estás obligado a aparecer con nombre y apellidos en los registros como socio, de modo que todo el mundo sabe quién está detrás de esa sociedad. Lo explican así en la página web de Sociedades Urgentes:

empresasurgentes

En el caso concreto de Gowex, por ejemplo, está Guadalupe Esmeralda Almeida Figueroa, empleada del hogar del fundador de la empresa de wifi gratis. Es uno de los testaferros imputados porque figura en los registros como administradora de diez sociedades. Almeida no tiene ni ha tenido cargos en Gowex, pero estaba al frente, en teoría, de dos de los principales clientes (ficticios) de Gowex.

gowex5

Todas esas sociedades que supuestamente administraba la empleada del hogar del fundador de Gowex se compraron en el vivero de Ontinyent entre finales de 2008 y principios de 2009.

gowex6

¿Son muchas? Sociedades urgentes vende cerca de 1.000 al año. Aunque depende de las características, adquirir una de ellas puede costar unos 2.000 euros. Cerdá detalla en su web que suele cobrar en efectivo y solo trabaja con los notarios que él elige “por cuestiones organizativas”.  Abogados que han trabajado con él explican que es un “gran profesional” y reconocen abiertamente haber comprado alguna de sus sociedades durmientes para clientes. “Lo que hace es completamente legal. Y hay casos en los que el cliente necesita urgentemente disponer de una sociedad”. 

Incluso dos gobiernos regionales, el de Extremadura y el de Andalucía, pusieron en marcha una iniciativa parecida, recuerda Cerdá en su web. Crearon su propio vivero de empresas para que los emprendedores tuvieran todavía más fácil montar un negocio. Ambos programas se cerraron hace aproximadamente un año y el volumen de sociedades que dieron de alta no se acerca ni de lejos al que registra el despacho de Ontinyent. En el gobierno de Extremadura aseguran que no se llegaron a 200.

Aunque el negocio de Sociedades Urgentes se ajusta a la ley, insistimos, Hacienda lleva tiempo reclamando cambios. Si se inscribiera el nombre de las personas que realizan estas adquisiciones en el Registro Mercantil y no solo el del administrador, dicen los inspectores, se tendría información mucho más completa y se podrían anticipar muchas operaciones de fraude. “Una gran parte de esas sociedades tiene vocación de ocultar la titularidad de sus operaciones con fines seguramente espurios”.

El elevado número de empresas inactivas en nuestro país (se calcula ronda el millón) hace imposible el seguimiento de cada una, cuando tan solo una pequeña parte se destina a actividades fraudulentas. ¿Para qué sirven en el caso de su uso fraudulento? Para simular facturaciones falsas, para sacar dinero de sociedades con el pretexto de que se ha prestado un servicio también falso, para defraudar a accionistas minoritarios, bancos… 

En el colegio de Notarios de Valencia, enfrentados desde hace tiempo con Ramón Cerdá por su frenética actividad de creación de empresas, opinan que “no todo el mundo que adquiere una de estas sociedades durmientes a él u otra persona es para realizar una actividad ilícita. La mayoría lo hace por motivos estéticos y esto es legítimo”. Sin embargo, también reconocen que el principal objetivo de este servicio, contar con una empresa en cuestión de horas y sortear la farragosa burocracia, ha perdido sentido. “Hoy en día se puede constituir una sociedad casi inmediatamente, en menos de 48 horas. Es posible que esas sociedades durmientes no obedezcan a la finalidad de satisfacer una necesidad sino a otras finalidades que quizá no están tan claras”. Los inspectores son más tajantes: “las personas que ofrecen esas empresas deben ofrecer algo más porque uno no va a pagar por algo que puede tener gratis”.

En la actualidad, los notarios están obligados a informar a Hacienda del nombre de las personas que adquieren las sociedades durmientes mediante escritura pública. Es decir, los socios no figuran en el registro mercantil pero sí aparecen en la base de datos de los notarios, que luego se remite a Hacienda. Pero no todo es tan sencillo. 

La base de datos de los notarios no parece ser tan efectiva como cabría esperar. Existen por una parte errores a la hora de transmitir la información (como los que se dieron en el famoso caso de las fincas de la Infanta Cristina)  y por otra, quien adquiere sociedades inactivas no compra una, sino varias, y forma un entramado de empresas complicado de seguir. En la práctica no es tan fácil que Hacienda tenga clara la estructura de una maraña de empresas.

Tan poco directo y llamativo que en ninguna parte saltaron las alarmas cuando, volviendo al caso Gowex, los principales clientes de la empresa eran sociedades durmientes creadas en el ya famoso vivero de Ramón Cerdá. Los que destaparon el fraude de la empresa de wifi gratis no viven en España. No son inspectores de Hacienda, ni notarios, ni policía, ni un juez. La misteriosa firma de inversiones estadounidense Gotham City fue la que desenmascaró a Gowex y su creador, Jenaro García.

Claramente algo falla.

Empresas




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *