¿CÓMO PIENSA LA FUTURA PRESIDENTA DE LA RESERVA FEDERAL?



Janet YelenSe llama Janet Yellen, y reconozco que no había oído hablar de ella antes de que se propusiera su nombre para sustituir a Ben Bernanke al frente de la Reserva Federal el próximo mes de enero (si todo sale según lo previsto). Yellen defenderá su candidatura este jueves ante el Senado de Estados Unidos. ¿Qué piensa esta mujer que hará historia al convertirse en la primera presidenta de la FED?

La primera crónica que lei sobre ella mencionaba a su marido, «premio Nobel de economía». ¿Quién era? Lo encontré en seguida: George Akerlof, galardonado por la academia sueca en 2001. Casualmente, había seleccionado el libro que Akerlof escribió con Robert Shiller (uno de los economistas premiados con el Nobel de este año del que ya os hablamos), titulado «Animal Spirits» (Gestión 2000). Akerlof visitó España hace justo ahora cuatro años, invitado por la Fundación Rafael del Pino.

Había escogido este libro para hacer una segunda parte de la serie ¿Qué libros de economía leer?, precisamente porque incluía a Shiller, pero no porque Akerlof fuera el marido de la candidada de Obama a presidir la Reserva Federal. Y entonces todo empezó a tener más sentido (pero eso ya lo explicaré en el post de los libros de economía).

Al grano: el caso es que en su día, hace cuatro años, no le di tanta importancia, pero hoy al releer esto no he podido evitar pensar que así es justamente como piensa Janet Yellen. El capítulo 9 de Animals Spirits se titula: ¿Por qué a largo plazo se produce un equilibrio entre inflación y desempleo? Los propios autores dejan claro que se trata de un apartado basado en los trabajos de Yellen y Akerlof sobre su teoría de salarios de eficiencia*.

El capítulo habla sobre el papel de los bancos centrales y rebate las ideas de Milton Friedman en torno a la inflación y el desempleo. Akerlof explica que si uno piensa como Friedman puede acabar como Canadá en los noventa. Allí llegó a presidir el banco central un tal Crow, firme seguidor de las ideas de Friedman, que consiguió reducir la inflación del 4,8%  (1987) al 1,8% (1993) pero «a un precio enorme». La tasa de paró escaló hasta el 11%, niveles que no se veían desde los años treinta.

Conclusión: luchar tanto contra la inflación para tener una variación de precios muy baja puede tener consecuencias nefastas. «Canadá es un ejemplo de que la negación del equilibrio entre inflación y desempleo no solo tenía importancia, sino que era primordial.»

Y cito los dos últimos párrafos de este capitulo donde se resume bastante bien lo que puede pensar la futura responsable de la política monetaria de la Fed (los paréntesis son míos).

«Esta historia (la de Canadá) debería servir de advertencia. En la actualidad se confía demasiado en la teoría de la tasa natural (la de Friedman). Durante el último cuarto de siglo, Estados Unidos ha seguido una política monetaria sensata que ha sabido equilibrar con previsión los dos objetivos de estabilidad de los precios y el pleno empleo. Pero nos atemoriza pensar que los futuros ideólogos del Consejo de la Reserva Federal puedan adoptar la teoría de la tasa natural (la de Friedman) como si fuera una alegoría de demostrada utilidad, y consideran un deber estabilizar la determinación de los precios con inflación cero con costes para conseguirla, a su parecer, no muy elevados. Bastaría con que esta teoría contara con un puñado de partidarios, lo cual está bien solo a medias, para conducirnos al «Gran Hundimiento Económico de Estados Unidos». De hecho, nuestra inquietud sobre esta posibilidad futura fue una de las principales motivaciones que nos condujeron a escribir este libro.»

Animal Spirits. Cómo influye la psicología humana en la economía. George A. Akerlof y Robert J. Shiller. Editorial Gestión 2000 (Año 2000)

Shiller y Akerlof deben estar contentos. Con la elección de Yellen su peores presagios se alejan. Al menos durante el mandato de la señora Presidenta de la Fed.

 

*La teoría de los salarios de eficiencia establece que las empresas pagan más de lo necesario a sus trabajadores para «motivarles» y tratar de asegurar un buen rendimiento. Al tratarse de un sueldo por encima del equilibrio (el que igualaría la oferta y la demanda de trabajo y no generaría prácticamente paro), surge un desempleo involuntario. Como dicen los autores, es como el juego de la silla; cuando para la canción no hay suficientes para todos los que están bailando y algunos se quedan sin sentarse. Es decir, sin trabajo.

Macroeconomía

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