EL NECESARIO DEBATE SOBRE LA DESIGUALDAD



Llevamos años ya hablando de la crisis. Desde agosto del año 2008 hemos tratado de entender cómo sucedió, cómo se propagó, qué es lo que falló. Cuando por fin lo entendimos, empezamos a intentar averiguar cómo salir de la peor crisis desde la Gran Depresión: que si políticas de gasto, que si ajustes y reformas estructurales, que así no vamos a ningún lado, que el Gobierno tiene que salvar bancos, que los bancos centrales tienen que hacer algo… En el caso Europeo la discusión parece que se ha eternizado: Grecia debería salir del euro (o no)Alemania debería ser más flexible (o no), el BCE debería comprar más deuda (o no), España debería pedir un rescate (o no)…

Pero en estos cuatro años no nos hemos parado a pensar en algo igual o más importante. Algo que cuando todo iba bien pasaba casi desapercibido pero que ahora, en plena crisis, es imposible ocultar por más tiempo. La resaca lo ha arrastrado hasta la orilla y aunque no nos detengamos a mirarlo, no significa que no esté ahi. Y huele mal. La desigualdad, apesta.
Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, nos explica en su último libro en qué consiste este problema, de dónde surge y qué podemos hacer para arreglarlo. «El precio de la desigualdad» (Taurus) es un libro para darse cuenta de lo que realmente está pasando: desde la Gran Depresión nunca se había visto tanta desigualdad en los países industrializados. Los más ricos han conseguido hacerse todavía más ricos mientras el resto veía como su renta se mantenía, caía o, en muchos casos, desaparecía. Los ricos han ganado todavía más dinero y lo han hecho además a expensas del resto de la población. La historia (esa historia a la que insistimos en no prestarle demasiada atención) nos cuenta que las sociedades muy desiguales no van en la dirección correcta.
Las disparidades en la población han crecido a una velocidad vertiginosa en los últimos 20-25 años. ¿Somos conscientes de este hecho? No lo creo. Según Stiglitz, los políticos, los reguladores y las leyes han ayudado a los más poderosos a hacerse todavía más ricos. Esto no es simplemente un fallo de mercado. Los que deberían haber corregido esos fallos no han hecho su trabajo e incluso han favorecido con sus decisiones al 1% de la población.
Que los ricos pagan menos impuestos, es un hecho. Que los ricos influyen en las decisiones que toman los gobiernos, es un hecho. Que los pobres son más pobres, es un hecho. Stiglitz expone una y otra vez con casos reales para justificar su visión del problema. Se puede discutir sobre las causas, sobre la importancia y el peso de cada una de ellas para explicar este resultado, pero no sobre la existencia de esta desigualdad.
El libro de Stiglitz es un libro para aterrizar en la realidad. El debate es nuevo. Queda por ver si le prestaremos la misma atención que a los anteriores.

Os dejamos el enlace a la entrevista que le hicimos en Noticias Cuatro.

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3 comentarios en “EL NECESARIO DEBATE SOBRE LA DESIGUALDAD

  1. Me parece un debate un poco demagógico. La evolución de la riqueza no puedes fijarla según les vaya a sus componentes, sino de la sociedad en su conjunto. Seguridad social, educación son aspectos a considerar cuando se evalúa la riqueza de una sociedad. Probablemente esos muy ricos utilicen parte del dinero en crear nuevos puestos de trabajo, en los que gente que recibe un salario pagan impuestos y contribuyen a esos servicios sociales.
    Trabajo en un país del tercer mundo, y las prestaciones y coberturas que tienen los españoles en España se ven como una utopía aquí. Y la evolución de la sociedad en su conjunto, con el aumento de la esperanza de vida, algo inalcanzable. A pesar de lo que diga Stiglitz, la sociedad occidental avanza y cada vez somos más ricos.
    Mario

    • Mario, gracias por tu aportación al blog. A lo mejor no nos hemos explicado bien. Evidentemente pertenecemos a un país rico y no nos podemos comparar ni de lejos con alguno de los países en los que trabajas tú. Pero, esos países nos miran a nosotros como modelo. Muchos quieres llegar a ser como nosotros. ¿Realmente somos un buen modelo? El debate no es si hay mucha o poca desigualdad. El debate debería ser, ¿aceptamos como buena la desigualdad que existe en los países ricos? ¿El sistema en el que vivimos nos parece justo? ¿No puede mejorar para reducir la desigualdad que genera? Básicamente: ¿el sistema capitalista conduce irremediablemente a una mayor desigualdad entre su población? Otro ejemplo más mundano: ¿nos parece justo que en un país industrializado la esperanza de vida varíe en unos cuantos años dependiendo de si eres rico o clase media/baja? ¿Es esta la sociedad democrática que queremos? No sé si el debate planteado así te seguirá pareciendo un poco demagógico. Gracias otra vez por comentar.

    • Pues a mí, el razonamiento de Mario me recuerda peligrosamente a la doctrina del goteo, según la cual interesa favorecer a los ricos.
      Lo siento, pero el bienestar de la sociedad en su conjunto NO VALE NADA si no tenemos en cuenta el bienestar de sus miembros, y para eso es determinante la distribución de la renta.
      Es cierto que un determinado grado de desigualdad es necesario para incentivar a los individuos a mejorar su posición (y con ello la de toda la sociedad), pero los niveles a los que estamos llegando son inhumanos e inmorales, además de muy perjudiciales para la Economía en su conjunto por el derrumbe del consumo familiar (y con ello de la inversión) que acarrean.

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