EL FALSO CASO DE LA MUJER SUABIA. EL LIBRO QUE DEBERÍAN HABER LEÍDO MERKEL Y RAJOY ESTE VERANO


“Puede ser todo menos caro” reza este anuncio frente a una mujer de la región de Swabian.
Había una vez un ama de casa alemana que vivía en la región de Swabian. Era una mujer muy trabajadora, con una gran capacidad de sacrificio, ahorradora y previsora. A ella le tendrían que haber preguntado qué pensaba de Lehman Brothers. Es muy simple: sencillamente uno no puede vivir por encima de sus posibilidades: NO SE PUEDE GASTAR MÁS DE LO QUE SE TIENE. La regla aplica al hogar pero también a las cuentas del Gobierno. Son lo mismo. Y esto es pura lógica matemática.
La historia swabiana la empezó a contar Angela Merkel en el año 2008 pero Mariano Rajoy la ha continuado en 2012 (también Esperanza Aguirre y otros políticos de derecha). En el último mes, nuestro presidente del Gobierno ha recurrido a ella en dos ocasiones (que le hayamos escuchado, porque los consejos de ministros podrían, perfectísimamente, conducirse previo credo suabo swabiano en voz alta. Nunca lo sabremos. Las deliberaciones son secretas).  
El problema de Rajoy y de Merkel es que el mito del ama de casa suaba swabianaque en España equivaldría al ama de casa de… (sírvanse ustedes mismos) es eso, un mito. La simpleza del argumento ha cautivado a muchos porque comparar las cuentas del Estado con una economía familiar es algo que entiende todo el mundo y con lo que cualquiera se puede identificar.  Pero que sepamos entenderlo no significa que sea así.
¿Supone lo mismo que una familia reduzca sus gastos que un gobierno ? ¿Tiene el mismo efecto que un hogar aumente su consumo y que lo haga un Estado? No. Porque las decisiones de la familia individual no afectan a la economía de un país y las de un Gobierno sí.
Establecida esta diferencia, que muchos desmontarían diciendo que el gasto del Gobierno es ineficaz, distorsionador, desincentivador, y un largo etcétera, la lógica (y esta es la única que de verdad tiene sentido) es que a medio y largo plazo tanto un Estado como una familia tienen que tratar de ajustarse a sus ingresos.
Son muchos los economistas que defienden este punto de vista y alucinan cuando políticos, empresarios, personas normales repiten el discurso swabiano. Uno de ellos, Joseph Stiglitz, analiza en su último libro The price of inequality (próximamente en español en editorial Taurus), algunos de los falsos mitos que la derecha se ha encargado de propagar, en muchos casos con enorme éxito. Citando al autor, en una traducción libre:
“La derecha ha conseguido que cale el falso mito de que de que el presupuesto del gobierno es como el presupuesto de una familia. Cada hogar, antes o temprano, tiene que vivir dentro de sus posibilidades. Pero cuando la economía tiene una elevada tasa de desempleo, esta simple regla no se puede aplicar al presupuesto nacional. Porque un aumento del gasto público puede en realidad aumentar la producción con la creación de empleos que se ocuparían con personas que de otra manera estarían en el paro. Una familia por sí misma, si aumenta su gasto más que sus ingresos no puede alterar la macroeconomía. El gobierno sí puede. Y un aumento del PIB puede ser un múltiplo de una cantidad gastada por el gobierno”.  Joseph Stiglitz, The price of inequality.
La derecha opina que si estamos endeudados y no nos llegan los ingresos para cubrir gastos hay que recortar.
Pero si tanto recorte lo único que va a hacer es estrangular el débil crecimiento…
Hay que recortar.
Pero si seguimos recortando en educación y en investigación nos estamos cargando nuestro futuro…
Hay que recortar.
Pero si nos pasamos con la tijera será peor el remedio que la enfermedad…
Hay que recortar.
Pero ¿recortamos sin un plan concreto?
Hay que recortar…
Porque la lógica dice que no podemos seguir así. “No podemos gastar lo que no tenemos”. El argumento de los recortes se puede defender desde muchos puntos de vista (porque los mercados no nos prestan más, porque nos cobran un interés altísimo y no nos lo podemos permitir, porque hay cosas que realmente hay que recortar porque no podemos seguir permitiéndonoslas…). Pero el argumento suabio swabiano por favor, no. La próxima vez que Rajoy nos salga con esto, nos van a entrar unas ganas enormes de tirarle algo a la cabeza. Por pura lógica también.
Si todavía os habéis quedado con las ganas de ponerle cara a la mujer suabia swabiana (vamos, que no os basta con la de Angela), en este reportaje podemos ver en qué consiste este mito y qué significa en Alemania.

Macroeconomía

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20 comentarios en “EL FALSO CASO DE LA MUJER SUABIA. EL LIBRO QUE DEBERÍAN HABER LEÍDO MERKEL Y RAJOY ESTE VERANO

  1. Criticar el símil de la economía familiar con la economía del Estado diciendo que no es exactamente lo mismo es no decir nada. Un símil es eso, un símil, que viene de simulitud, no de identidad. Y es útil en la medida en que los fenómenos comparados tienen multitud de elementos comunes, muchos más que elementos diferenciadores.

    Dicho esto, vayamos con Stiglitz y su obsesión por la derecha -hay quienes siguen indentificando a la derecha con los liberales y viceversa-, y los mitos. Que el aumento del gasto público aumenta la producción y la creación de empleo es cuanto menos cuestionable. Tan cuestionable como el famoso multiplicador keynesiano.

    Si ese aumento del gasto público se hace sin acudir al déficit, aumentando los ingresos vía impuestos para los ciudadanos, sólo se estaría admitiendo -lo que es mucho admitir-, que el Estado es capaz de emplear el dinero de los ciudadanos mejor que los propios ciudadanos, que tiene una bolita de cristal con la que puede saber lo que le conviene a los ciudadanos mejor que ellos. Sueno un poco totalitario y soviético, ¿no?

    Si ese aumento del gasto se hace acudiendo al déficit, es obvio que a corto plazo aumenta la producción y el empleo. Pero si las economías familiares aumentaran su consumo acudiendo a préstamos, ¿acaso no aumentaría también la producción y el empleo? No podemos comparar, como hace Stiglitz, el presupuesto del Estado, que no del gobierno, con el presupuesto de una familia, asumiendo que el Estado pueda endeudarse para “fabricar” puestos de trabajo, pero no permitiéndoselo a las familias -léase sector privado-, para afirmar después, con fundamento en esa “trampa”, que las similitudes del presupuesto familiar y del Estado son un falso mito. El argumento es, como poco, falaz.

    En cuanto a los recortes del gobierno, resulta tan evidente que para crear empleo hay que previamente crear paro -y no poco-, en el sector público -también algo en el privado eliminado subvenciones-, que el argumento de que los recortes son malos porque crean paro carece absolutamente de sentido. Los recortes no son malos en sí mismos, pero estos recortes, los que está haciendo el gobierno, sí lo son. Porque tienen unas prioridades equivocadas, porque no están basados en reformas estructurales, porque son poco valientes, porque no reparten equitativamente los perjuicios, porque padecen de injusticia relativa…

    Os pido disculpas por la extensión del comentario, pero es que me liado a escribir…

    Saludos

    • Er Tato, entendemos tu posición pero no estamos del todo de acuerdo. Respondemos por puntos.

      1. Quizá no hemos sido muy categóricas. El presupuesto familiar y la economía de un Estado no es no sean exactamente lo mismo. NO LO SON, sin exactamente.
      2. Que un aumento del gasto público aumente automáticamente el PIB es cuestionable. Totalmente de acuerdo. Dependerá mucho de la situación de la economía y en qué se gaste ese dinero.
      3. Por lo tanto, el multiplicador keynesiano (que aprovechamos para explicar que significa que si el Estado aumenta su gasto en 1 euro el PIB aumenta en más de un euro) es cuestionable. Su eficacia se ha demostrado (sí, se ha constrastado con modelos cuestionables también pero TODO en economía se hace así)en situaciones de recesión y restricción al crédito.
      4. Lo de “fabricar” puestos de trabajo, en nuestra opinión, el sector público tiene que hacerlo en determinados casos porque si de dejara en manos del sector privado, jamás se realizaría. (Por poner un ejemplo: internet nació de un proyecto público financiado con dinero público estadounidense).
      5. “Los recortes no son malos en sí mismos, pero estos recortes, los que está haciendo el gobierno, sí lo son” Totalmente de acuerdo.
      6. ¡Gracias por tu comentario!

    • Pues sigamos por puntos. 😉

      1-. Es que yo tampoco he afirmado que sean lo mismo. Sólo digo que hay ciertos principios elementales que son válidos para el presupuesto de una familia y para el presupuesto, que no la economía, de un Estado. Incluso vosotras lo reconocéis en la entrada cuando afirmáis “que a medio y largo plazo tanto un Estado como una familia tienen que tratar de ajustarse a sus ingresos.“. Insisto en la idea que quería transmitir, que no era otra que el hecho de que criticar un símil entre dos fenómenos o situaciones atacando sus diferencias es bastante infantil, pues un símil, por definición, presupone diferencias entre los dos fenómenos comparados.

      2-. Dependerá no sólo de la situación económica y de en qué se gaste el dinero, sino también, y fundamentalmente, de si ese aumento procede de retraer el dinero del bolsillo de los ciudadanos -aumentamos el consumo del Estado disminuyendo, al menos teóricamente, el consumo privado en la misma medida-, o de endeudarse.

      3-. Claro, porque en situaciones de recesión y de restricción del crédito, el aumento del gasto público se ha hecho vía endeudamiento, vía vetada para el sector privado en esas situaciones, entre otras razones, por el salvaje drenaje que del crédito hace el Estado al endeudarse para aumentar ese gasto público, y con atajos tramposos como monetizaciones de la deuda, liquidez a la carta procedente de Bancos Centrales, etc… ¡Así cualquiera…! Y por eso estamos como estamos, por las manipulaciones de la oferta monetaria en las últimas décadas, que no sólo ha generado un Estado del Bienestar a crédito, sino que han impulsado las decisiones erróneas de los agentes económicos.

      4-. No podemos mezclar la necesidad y bondad de producir bienes públicos, bien porque el sector privado no pueda o no quiera producirlos, bien por cuestiones de justicia social e igualdad de oportunidades, con la intervención del Estado en la economía con el único objetivo de fabricar artificialmente y a crédito puestos de trabajo para maquillar los problemas de la economía real.

      5-. Gracias a vosotras por dejarme comentar

      Saludos

    • Er Tato, no es que el Estado tenga una bolita de cristal con la que puede saber lo que le conviene a los ciudadanos mejor que ellos, sino que los impuestos y un buen sistema fiscal cumplen otras funciones. Una de las más importantes, la redistribución de la renta.

      Y aun así, viendo cómo casi todos los agentes económicos (economías domésticas, empresas, entidades financieras, etc.) se han lanzado a una orgía de crédito y a inflar una inmensa burbuja, no sé si es el momento más idóneo para defender la capacidad de decisión individual…

      Un saludo. 😉

    • Bueno Raúl, yo no estaba hablando de la redistribución de la renta que, en todo caso, sería un buen tema para otro debate, sino de intervencionismo y keyniasismo.

      En cuanto a la capacidad de decisión de los agentes económicos, hombre, seamos serios, que estamos muy lejos del libre mercado, por mucho que la única canción que suene sea la de que todo esto es culpa del capitalismo salvaje y de los pérfidos mercados. Los agentes económicos toman sus decisiones en base a la información de la que disponen. Si los Estados han decidido inundar de liquidez la economía a tipos artificialmente bajos o permitir la creación de dinero bancario a tutiplen, ofrecer subvenciones a empresarios -léase primas a las renovables-, generar déficit tarifarios eléctricos, etc…, los agentes económicos han tomado sus decisiones en ese escenario. ¿Quién es menos idóneo para decidir lo mejor, los gobiernos que nos han conducido hasta aquí, o los agentes económicos que han tomado decisiones en un escenario manipulado e intervenido por esos gobiernos? Yo, desde luego, lo tengo claro.

      Saludos

  2. Pues evidentemente que no son lo mismo. Como si alguien ahora sostuviera que lo de Adán y Eva y la manzana fue tal cual, y no una manera de explicar algo -ahora no, eso daría para mucho- a una mayoría analfabeta e inculta.

    Desgraciadamente, como hace más de dos mil años, hay que recurrir a este tipo de mensajes dado el nivel.

    Maguila

  3. Me ha gustado el tema de vuestro post de hoy porque es algo en lo que llevo pensando hace tiempo, en esta falacia que a modo de mantra llevo oyendo desde hace tiempo a políticos como Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre…

    Pero hay un aspecto que creo que es importante y al que no se ha hecho referencia. No es que familias y Estado no sean lo mismo, es que incluso en el caso de que la economía familiar y la economía de un Estado fuesen similares… ¡¡la afirmación de la mujer swabiana ES MENTIRA!!

    Todas las familias gastan más de lo que tienen. Todas. Cuando se compran un electrodoméstico y lo pagan a plazos. Cuando pagan con una tarjeta de crédito. Cuando compran un coche y lo pagan a plazos. Cuando se hipotecan para comprar una vivienda (el caso más obvio)…
    Y en el caso de las empresas, el endeudamiento es esencial para crecer. La autofinanciación que suponen las reservas y el capital aportado por los socios ES INSUFICIENTE para crecer y desarrollar una actividad empresarial… Consideremos el Balance de Situación de una empresa… ¿es factible que una empresa pueda crecer satisfactoriamente sin pasivo exigible? Por supuesto que no.

    Otra cuestión, claro está, es que hay que endeudarse dentro de unos límites razonables, de acuerdo con las posibilidades de cada uno, manteniendo una adecuada proporción entre recursos propios y ajenos, endeudándose más si las perspectivas de poder hacer frente a las deudas es positiva, etc. Pero la frase de que ninguna familia gasta más de lo que tiene (y no digamos ya las empresas) ES MENTIRA.

    • Claro. El Estado también ha gastado más de lo tenía (ahi tenemos nuestra deuda pública). Sin embargo, creemos que cuando hablan de que no se puede gastar más de lo que se tiene se refieren más al presupuesto del año. Ingresan tanto, pues no puede gastar más (porque tienen ya una hipoteca y no quieren que siga subiendo ni ampliar más la línea de crédito).

      ¡Gracias por tus comentarios!

  4. Completamente de acuerdo con Er Tato, es un simil, se presuponen diferencias. Es para ejemplificar algo complejo con algo más coloquial, algo que todo el mundo puede entender y cumple con su cometido.

    La base independientemente de si afecta micro o macroeconómicamente es que hay que recortar gastos para no incurrir en deficit. Sólo hay que ver que los paises que mejor están hoy en día son los que están controlando el déficit.

    La teoría keynesiana está ya muy desgastada, EEUU tras el New Deal disimuló su impacto por la guerra, pero actualmente se va a dar un ostión de ordago por endeudarse tanto.

    • La cuestión no radica tanto en si es un buen símil o no para explicar algo. Para nosotras el problema reside en elevar un símil a categoría de mantra.

      Y en nuestra opinión, en esta crisis no deberíamos cuestionarnos tanto si ha fallado la teoría keynesiana (los que la defienden insisten que sin los estímulos aprobados por los gobiernos la situación actual sería mucho peor. Nunca lo sabremos. Esto es un poco una acto de fe).

      Pero lo importante y más relevante de esta crisis no es si la estrategia de salida ha sido defectuosa sino qué ha provocado este desastre. En nuestra opinión si hay una teoría que sale mal parada es el liberalismo económico, el laissez faire, o como se le quiera llamar. (Para los no economistas: la invertención mínima del Estado y acumulación de poder de los mercados.)

      Criticar la teoría keynesiana a estas alturas de la película es como poner verde a los incompetentes (o no) bomberos sin preocuparse en investigar el origen del fuego.

      Todo esto, por supuesto, es muy opinable.

      Gracias por tu comentario.

    • O sea, que ha sido el liberalismo económico el que ha provocado el desastre…

      Curioso liberalismo el que, en el sector financiero -el más intervenido del mundo con diferencia-, no puede decidir ni las cantidades intercambiadas -la oferta monetaria-, ni el precio al que se intercambian esas cantidades -el tipo de interés-, ni comercializar sus productos, ni abrir un negocio sin el visto bueno de los gobiernos.

      Curioso liberalismo el que, por ejemplo en Europa, aplica medidas proteccionistas -aranceles, subvenciones a productos internos,…-, para que los países en vías de desarrollo no puedan libremente exportar sus productos primarios.

      Curioso liberalismo el que mantiene absolutamente intervenido el mercado laboral, el que regala subvenciones a manos llenas a empresas de determinados sectores modificando artificialmente la formación de los precios, el que impide la libertad de horarios del empresario…

      En fin, si lo importante es, como decís y yo lo comparto, averiguar quién ha provocado el desastre, me parece que echarle la culpa a quien ni siquiera pasaba por allí no es el camino.

      Saludos

      P.S.: Yo llevo dándole caña al keynesianismo más de 20 años. Y perdón por entrometerme en la conversación 😉

    • Hombre, Er Tato, si lo que Alan Greenspan impulsó e instauró en el sistema financiero estadounidense no es liberalismo y desregulación a saco, que venga Dios y lo vea…

      En palabras del propio Greenspan (seguramente un día que la fiebre le hizo bajarse momentáneamente de su burro randiano):

      “He cometido un error al creer que, en interés propio, los bancos eran los más capacitados para proteger a sus propios accionistas y sus participaciones en las empresas. El problema es que algo que parecía ser un edificio muy sólido e incluso un pilar fundamental de la competencia en el mercado y del libre mercado ha quebrado y eso me ha golpeado. Todavía no entiendo completamente por qué ha ocurrido”.

    • Bueno Raúl, lo que yo he escrito son hechos, no opiniones. ¿O acaso los agentes del sistema financiero pueden decidir el coeficiente de encaje, la masa monetaria, el tipo de interés o abrir una entidad financiera libremente?

      Que Greenspan todavía no entienda qué ha ocurrido no me extraña lo más mínimo…

      Y que conste que yo no estoy afirmando que el sector financiero no necesite ser regulado, lo que niego es que no lo haya estado o no lo esté. Cuestión bien distinta es que haya estado mal regulado, pero una errónea regulación no es sinónima de liberalismo.

      Saludos

  5. Que era necesaria una regulación distinta para adaptarse a las nuevas realidades de los mercados financieros es una realidad, pero Greenspan no es que regulara mal, es que “desregulaba”, siendo una de las bases de su filosofía dejar actuar libremente a los banqueros, no supervisando su actuación y apoyándolos y/o dando su visto bueno a operaciones como la derogación de la Glass-Steagall, negándose a actuar ante los avisos de burbuja porque decía que no se puede saber que hay una burbuja hasta que esta explota (ay, la madre que lo parió)…

    Comportamientos de ese tipo, dignos de un liberalismo randiano, llevaron al colapso financiero estadounidense, así que yo sí pondría al liberalismo en el origen de la crisis. Sin dudarlo.

    Otra cosa es que en Europa, y más concretamente en España, había defectos estructurales y sistémicos muy profundos, un despilfarro inmoral y una incapacidad de los gestores públicos desde… Mmmm, bueno, ni lo sé… ;P

    El comunismo me parece una quimera inalcanzable, por supuesto, pero el liberalismo a ultranza me parece otra entelequia, colocada en el lado opuesto del espectro. Claro que el mercado es un sistema maravilloso para fijar precios y asignar recursos, pero las condiciones necesarias para que funcione a la perfección son irrealizables, imposibles, inalcanzables. Por eso me parece más razonable la postura de un Keynes que propone medidas para mejorar la situación económica que la de un Hayek que afirma que el mercado se la guisa y se la come él solito.

    Saludos.

    • Bueno Raúl, Hayek no decía exactamente eso y, además, él creía en el Estado, pero en fin, ése es otro asunto.

      Yo me considero un liberal, digamos que pragmático. Soy consciente de los fallos del mercado y creo que el Estado, además de las funciones sociales que debe cumplir -básicamente garantizar la igualdad de oportunidaes-, debe crear las condiciones apropiadas para acercarse todo lo posible al modelo ideal de libre mercado, regulando y garantizando la competencia, que no interviniendo en la economía vía subvenciones, fijación de precios, etc… También soy consciente de que el laissez-faire no garantiza ese libre mercado, sino más bien al contrario, creando monopolios y oligopolios -ya ves que no soy nada randiano-, pero me gusta la libertad y que el Estado se meta lo mínimo e imprescindible en las vidas de la gente.

      En fin, ahora ya sí que estamos en el terreno de lo opinable y de las posturas personales, así que no tengo nada más que añadir. Ha sido un placer.

      Saludos

    • En absoluto, Raúl. Todo lo contrario. Siempre es un placer debatir con gente educada. Aunque en este país parece a veces casi imposible, se puede discrepar con educación. 😉

      Saludos

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