¿NADA DE ESTO FUE UN ERROR?


Ilustración «Global Crisis 02» de Iván Solbes

¿Tiene sentido preguntarse a estas alturas quién es el culpable de la actual situación económica? ¿Es un ejercicio útil? ¿Qué parte de culpa es de los reguladores, de los mercados, de las entidades financieras y de los inversores (incluidos por supuesto los particulares)?

La semana pasada los bancos se dedicaron a tirar balones fuera respecto al tema de la culpa. «Nosotros lo hemos hecho bien», «pagamos nuestros impuestos y repartimos dividendos», «no hemos necesitado ayudas del Estado como otras entidades», «habría que distinguir entre bancos y bancos», «la culpa es de los políticos«…

El único que hizo algo de autocrítica en voz alta fue el presidente del BBVA, Francisco González: «desde luego que hemos cometido errores que no deberíamos haber cometido» reconoció durante la presentación de resultados de la entidad.¿Cuál ha sido el error de la banca?

Creo que salta a la vista mirando las millonarias cifras de provisiones (dinero en una hucha para imprevistos)  que han acumulado y van a tener que seguir destinando (obligados por el Gobierno) para cubrir sus pérdidas en el sector inmobiliario. Las entidades financieras no supieron medir adecuadamente el riesgo de esos créditos. Sus modelos matemáticos-estadísticos fallaron a la hora de evaluar el riesgo. Y ese es un fallo enorme. También muchos se dejaron llevar por las enormes ganancias que les reportaba el negocio…

El premio Nobel de economía, Michael Spence, desarrolla este punto en su último libro «The next convergence«. En la crisis actual fallaron dos pilares fundamentales:

1. La propia regulación. Las autoridades no supieron adecuarla al sistema cada vez más interconectado y dependiente. Y ahí se incluyen los problemas de las agencias de calificación, de mercados opacos donde nadie sabe muy bien qué es lo que ocurre, los problemas de defensa del consumidor, etc.

2. La autorregulación: la capacidad autorreguladora del sistema. Se supone que en los mercados hay un número significativo de agentes lo suficientemente sofisticados para entender y controlar (o al menos intentarlo) el riesgo sistémico. Ellos son los que mejor información tienen sobre ese riesgo (el más peligroso de todos) y de cómo está evolucionando (aunque sea una mínima idea porque es verdad que con los actuales modelos es complicado).

¿Cuál fue el problema? Primero, los bancos se despreocuparon del riesgo sistémico. Y dos, los modelos que tenían para controlarlo eran claramente insuficientes.

¿Y qué es el riesgo sistémico? Pues como decíamos antes, es el peor de todos los riesgos. Es el peligro de que falle todo el sistema, no sólo una parte de tu cartera de créditos, o de un país, o sector concreto. Es el efecto dominó-contagio del que llevamos hablando años ya. Es el riesgo de que ocurra algo en el sistema que afecte a todo el conjunto e incluso al funcionamiento entero de ese sistema. Vendría a ser como una especie de terremoto.

Siguiendo esa analogía, ¿tendría sentido que si el sistema financiero global fuera una isla como Japón no tuviera en cuenta el riesgo de tsunamis?  Pues así fue como funcionó la banca durante años hasta que estalló la crisis. Uno podría objetar que es imposible predecir el momento de un tsunami. También se aplica al riesgo sistémico. ¿Justifica esto que lo ignoremos? Hay formas de estar más preparados para ese desastre (códigos técnicos de edificación, planes de alerta y emergencia, formación de la población, simulacros, etc.).

Así que, volvamos a la primera pregunta, ¿tiene sentido buscar culpables? Pues sí, porque es la única forma de mejorar la actuación en la próxima crisis porque el riesgo sistémico no va a desaparecer , todo lo contrario. El sistema financiero está cada vez más interconectado.  (Spence sostiene que nos espera un mundo de crisis sistémicas recurrentes). Y los bancos claro que saben que tienen que cambiar muchas cosas, empezando por sus modelos de gestión  y control de riesgo.

El fallo de la autorregulación se aplica a todos. También a las personas, familias, inversores individuales. Tampoco supimos calcular las consecuencias de nuestras decisiones. Pero desde luego, quien debería intentar vigilar mejor al temible riesgo sistémico no somos nosotros, sino ellos: las entidades y organismos financieros.

Bancos

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