¡LA BOMBA DEL EURO!



Cuando pienso en qué ha supuesto el euro para nuestro país, siempre me viene a la cabeza la idea de una especie de club de ricos (no es que tenga experiencia propia). Me viene a la cabeza el hall de un gran hotel, o casino, con sus salones privados reservados solo para miembros del club. Para España, el euro supuso la tarjeta de presentación para entrar en ese exclusivo grupo.

Ser miembro de un «club de ricos» tendría muchas ventajas, entre otras, ir al banco a pedir dinero prestado. Si eras del euro te lo daban sin tantos problemas y además, con unos tipos de interés más bajos. Estar en el euro supondría reducir costes para todos, tener la inflación controlada, eliminar gran parte de la incertidumbre del tipo de cambio de la moneda, entrar en un mercado único, viajar de turista con una moneda fuerte, etc. En 1995, ¡el euro iba a ser la bomba para España!

Por aquellas fechas, andaba en la facultad de Economía de Valencia. Nuestro profesor de Economía Europea estaba entusiasmado con el proyecto de moneda única. Recuerdo perfectamente como, en una de sus clases, contándonos las bondades teóricas de compartir el euro le preguntamos sobre los inconvenientes. ¿Qué pasaría si España se ve afectada por un shock y necesita de su propia política monetaria?

Si es un shock interno, nos explicó, España seguirá teniendo instrumentos para hacerle frente y en ese caso la política monetaria no es tan fundamental. Si es un shock externo, como lo fue la subida de precios del petróleo de los años setenta, entonces afectará a todos los países miembros por igual y entonces todos necesitarán la misma política monetaria.

Claramente no ha sido así. La política monetaria única para todos ha tenido efectos diferentes y no siempre ha sido la mejor para todos. Por ejemplo, España tendría que haber tenido tipos de interés más altos para frenar la inflación (más alta que la media) y su burbuja inmobiliaria. España, en plena crisis habría necesitado de una bajada de tipos más enérgica de la que se dio para «aliviar» algo la presión de su población endeudada.

Es evidente que el euro no era «tan perfecto» como lo pintaban en la facultad. Y esto me lleva a hablar de otro debate en marcha: ¿se enseña bien la Economía en la Universidad? ¿No deberían cambiar algunas cosas a la vista de lo que ha pasado en los últimos años?

La corriente suma adeptos cada día. Hace unas semanas unos alumnos de la mismísma Universidad de Harvard plantaron a su profesor de introducción a la economía, Gregory Mankiw porque no estaban de acuerdo en su forma de explicarla. (Aquí hay un resumen de sus 10 principios).

Y es que la economía no es en absoluto una ciencia. Los modelos que tratan de explicar su comportamiento se basan, en la gran mayoría de los casos, en presunciones que no se cumplen jamás en la vida real. Y los efectos, por ejemplo, de una subida de impuestos no están claramente definidos ni son los mismos en todos los casos.

Mi modesta opinión de cómo debería explicarse la economía en la facultad: que enseñen a los alumnos a pensar por sí mismos. Que les cuenten TODAS las versiones que hay sobre un determinado fenómeno, por ejemplo la inflación. Y que sean ellos mismos, con su estudio y razonamiento, los que elijan qué pensar de la inflación. Por ejemplo.

Y hablando de precios… una novela muy recomendable para entender qué es la inflación, lo desastrosa que puede ser la hiperinflación: Una princesa en Berlín, de Arthur Solmssen. Recomendada por un profesor de la Universidad.

Bancos

Etiquetas: ,




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *