EL CULEBRÓN DE CAJA MADRID



Aunque relegada a un segundo plano desde que estallaron los escándalos de escuchas en la Comunidad de Madrid, CajaMadrid es un nuevo campo de batalla entre Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid y Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de la capital. Ambos son del Partido Popular, pero los dos «no se pueden ni ver». Al menos eso dicen los periodistas que les han tratado de cerca. Su batalla en Caja Madrid es compleja y díficil de seguir. Pero aqui está la esencia del por qué y cómo empezó todo.

Lo que está pasando en Caja Madrid se resume fácilmente: Gallardón quiere que siga al mando el actual presidente Miguel Blesa. Aguirre quiere que se vaya para poner en su lugar a alguien de su plena confianza. Aguirre ya no se fía de Blesa, que fue nombrado Presidente de Caja Madrid por su amigo Aznar hace ahora 12 años.

Las cajas, a diferencia de los bancos, no son sociedades anónimas ni están divididas en acciones. Tienen una finalidad social y están gobernadas por distintos grupos sociales: Administraciones públicas (ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autonómicos), empleados, depositantes, sindicatos…

Todos ellos están representados en los órganos de gobierno de la caja, pero los que más peso tienen son los políticos. Si un gobierno (local o autonómico) controla una caja y ejerce ese control es como si tuviera a un banco a su disposición: tiene prácticamente garantizado el acceso al crédito para sus proyectos, entre otras cosas. También puede influir en que la caja preste dinero a determinadas empresas o que financie operaciones empresariales que interesen al gobierno de turno.

En Caja Madrid hay convocadas desde octubre de 2008 elecciones para renovar sus cargos. Si el reparto de poder sigue como está, Blesa saldrá seguramente reelegido. Para evitarlo, Aguirre aprobó el 28 de diciembre de 2008 una nueva ley de cajas que le da más poder a la Comunidad y se lo quita al Ayuntamiento. Con esa nueva ley, Aguirre podría evitar la reelección de Blesa.

El 16 de enero de 2009 la caja celebró una reunión clave. Se reunió la comisión que se encarga de velar por la legalidad en las elecciones de la entidad. Los aguirristas querían que esas elecciones se celebraran de acuerdo a la nueva ley de cajas que acababan de aprobar. Parecía que contaban con el apoyo de los socialistas, que también tienen representación en la caja pero mucho menor a la de los populares.

Pero el voto de un tránsfuga del PSOE madrileño le dio la victoria a Gallardón. No se aplicará la nueva ley en las próximas elcciones. El ayuntamiento mantendrá, de momento, su poder.

La dirección socialista abrió un expediente a este trásnfuga: Francisco Pérez. ¿Cómo iba a votar Pérez a favor del bando de Esperanza Aguirre? Si Pérez fue precisamente ex jefe de gabinete de Rafael Simancas, el candidato socialista que perdió las elecciones frente a Aguirre después de que le traicionaran dos de los suyos, el famoso «Tamayazo».

Los aguirristas abandonaron la reunión y los que se quedaron se cargaron al que hasta entonces era presidente de la comisión, el primero que decidió marcharse cuando vio que había perdido la votación. En su lugar pusieron a un gallardonista.

Ambos bandos se enzarzaron entonces en una lucha sobre la legalidad de las votaciones de esa reunión y las decisiones adoptadas.

Desde el Gobierno de Aguirre se presionaba con inhabilitar al presidente de Caja Madrid si no obedecía sus órdenes. En fin, todo un culebrón que parece que no se resolverá hasta el mismo día de las elecciones porque la lucha continúa.

Es evidente que la crisis en Caja Madrid también ha provocado una división interna en el PSOE madrileño. Algunos de sus integrantes no están de acuerdo con el pacto que su líder, Tomás Gómez, ha alcanzado con Esperanza Aguirre en este tema. Sin embargo, Gómez niega haber llegado a un pacto ni con Aguirre ni con Gallardón. Insiste en que su objetivo es mantener las cosas como están hasta las elecciones.

En la dirección del PP tampoco están muy contentos con la actuación de los suyos. Rajoy calificó la situación de «espectáculo» y pidió que Caja Madrid fuera tutelada por el Banco de España y se alejara de la política. El equipo de Esperanza Aguirre se apresuró a rechazar esta idea.

El culebrón continúa, aunque ahora ha pasado a un segundo plano con los casos de escuchas en la Comunidad de Madrid y la investigación de Garzón.

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